lunes, 19 de mayo de 2014

capitulos del maratom

CAPITULO # 103
El reloj de pared dio las tres. ______ se había quedado dormida hacía muy poco rato. Tenía la cabeza y la mano apoyadas sobre su abdomen y su aliento le acariciaba el estómago.
Podía sentir su cabello rozándole la piel, la calidez de su cuerpo filtrándose por sus poros hasta llegarle al alma. 
Lo que daría por poder tocarla…
Cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y se permitió soñar por primera vez desde hacía siglos. Soñó con pasar noches enteras junto a ______. 
Soñó que llegaba el día en que podía amarla como se merecía. Un día en que él sería libre para poder entregarse a ella. Soñó en tener un hogar junto a ______.
Y soñó con niños de alegres ojos cafeces, y dulces y traviesas sonrisas. 
Aún estaba soñando cuando la luz del amanecer comenzó a filtrarse por las ventanas y el reloj dio las seis. ______ se despertó. 
Frotó la mejilla sobre su pecho, acariciándolo de tal modo que para Tom supuso una tortura.
— Buenos días —lo saludó sonriente.
— Buenos días.
______ se mordió el labio al pasear la mirada sobre su cuerpo y arrugó la frente por la preocupación. 
— ¿Estás seguro que tenemos que hacer esto? ¿No te puedo liberar un ratito?
— ¡No! —exclamó con énfasis. 
______ cogió el teléfono y marcó el número de la consulta para hablar con Beth.
— No iré en un par de días, ¿puedes hacerte cargo de algunos de mis pacientes?
Tom frunció el ceño al escucharla.
— ¿Es que no vas a ir a trabajar? —le preguntó en cuanto colgó. 
______ no podía creer que le hiciese esa pregunta.
— ¿Y dejarte aquí tal y como estás?
— Estaré bien.
Ella lo miró como si se hubiese vuelto completamente loco.
— ¿Y si pasara algo?
— ¿Cómo qué?
— Puede haber un incendio o alguien puede entrar y hacerte cualquier cosas mientras estás ahí indefenso. 
Tom no discutió. Le entusiasmó el hecho de verla tan dispuesta a quedarse junto a él.
A media tarde, ______ fue testigo de que la maldición empeoraba. Cada centímetro del cuerpo de Tom estaba cubierto de sudor. Los músculos de los brazos estaban totalmente tensos y apenas hablaba; cuando lo hacía, apretaba los dientes. 
Pero seguía mirándola con una sonrisa, y sus ojos eran cálidos y alentadores mientras sus músculos se contraían con continuos espasmos y soportaba el sufrimiento que amenazaba con devorarlo. 
______ siguió refrescándolo, pero tan pronto como acercaba la toalla a su piel se calentaba tanto que apenas era capaz de tocarla después.
Para cuando llegó la medianoche Tom deliraba.
Observó impotente cómo se agitaba y maldecía como si un ser invisible estuviese arrancándole la piel a tiras. ______ nunca había visto algo así. Estaba forcejeando tanto que casi temía que echara abajo la cama.
— No puedo soportar esto —susurró. Bajó corriendo las escaleras y llamó a Selena.


Una hora después, ______ abrió la puerta a Selena y a su hermana Tiyana. Con el pelo negro y los ojos azules, Tiyana no se parecía en nada a Selena. Era una de las pocas sacerdotisas blancas de vudú; regentaba una tienda de artículos mágicos y hacía de guía turística por el cementerio los viernes por la noche. 
— No sabéis cuánto os agradezco que hayáis venido —les dijo ______ al cerrar la puerta, una vez pasaron al recibidor.
— No es nada —le contestó Selena.
Tiyana llevaba un timbal bajo el brazo e iba vestida con un sencillo vestido marrón.
— ¿Dónde está?
______ las llevó al piso superior.
Tiyana puso un pie en la habitación y se quedó paralizada al ver a Tom sobre la cama presa de continuas convulsiones y maldiciendo a todo el panteón griego.
El color abandonó su rostro.
— No puedo hacer nada por él.
— Tiyana —la increpó Selena—. Tienes que intentarlo.
Con los ojos abiertos como platos por el miedo, Tiyana meneó la cabeza. 
— ¿Quieres un consejo? Sella esta habitación y déjalo hasta que regrese de donde vino. Hay algo tan maligno y poderoso observándolo que no me atrevo a hacerle frente. —Miró a Selena—. ¿No percibes el odio? 
______ comenzó a temblar al escuchar a Tiyana, y su corazón empezó a latir cada vez más rápido. 
— ¿Selena? —llamó a su amiga. Necesitaba desesperadamente que alguien aliviara el sufrimiento de Tom de algún modo. Tenía que haber algo que ellas pudiesen hacer.
— Sabes que no puedo ayudarlo —le dijo Selena—. Mis hechizos nunca funcionan.
¡No!, gritó su mente. No podían abandonarlo de aquel modo.
Miró a Tom mientras éste forcejeaba por liberarse de los grilletes.
— ¿Hay alguien a quien pueda acudir en busca de ayuda?
— No —contestó Tiyana—. De hecho, ni siquiera puedo permanecer aquí. No te ofendas, pero todo esto me pone los pelos de punta. —Lanzó una mirada categórica a su hermana—. Y tú sabes muy bien a qué tipo de atrocidades me enfrento diariamente. 
— Lo siento, ______ —se disculpó Selena, acariciándole el brazo—. Investigaré y veré lo que puedo descubrir, ¿de acuerdo?
Con el corazón en un puño, ______ no tuvo más remedio que acompañarlas a la puerta.
Cuando la cerró, se dejo caer sobre ella con cansancio.
¿Qué iba a hacer?
No podía limitarse a aceptar que no había ayuda posible para Tom. Tenía que haber algo que pudiese aliviar su dolor. Algo en lo que ella aún no hubiese pensado.
Subió las escaleras y volvió junto a él.
— ¿______? —Tom la llamó con un gemido tan agónico que su corazón acabó de hacerse pedazos. 
— Estoy a tu lado, cariño —le dijo, acariciándole la frente.
Él dejó escapar un gruñido salvaje, como el de un animal atrapado en un cepo, y se lanzó sobre ella.
Aterrorizada, ______ se alejó de la cama.
Se dirigió al vestidor, con las piernas temblorosas, y cogió el ejemplar de La Odisea.
Acercó la mecedora a la cama y comenzó a leer.
Pareció relajarlo. Al menos no se revolvía con tanta fuerza.
Con el paso de los días, la esperanza de ______ se marchitaba. Tom estaba en lo cierto al afirmar que no había modo alguno de romper la maldición si no lograba superar la locura. 
No podía soportar verlo sufrir, horas tras hora, sin ningún momento de alivio. No era de extrañar que odiara a su madre. ¿Cómo podía Afrodita dejarlo pasar por esto sin mover un solo dedo para ayudarlo?

CAPITULO # 104
Y había sufrido de aquel modo durante siglos…
______ estaba totalmente fuera de sí.
— ¡Cómo podéis permitirlo! —gritó enfadada, mirando al techo.
— ¡Eros! —le llamó—. ¿Me oyes? ¿Atenea? ¿Hay alguien? ¿Cómo permitís que sufra así? Si lo amáis un poco, por favor, ayudadlo.
Tal y como esperaba, nadie contestó. 
Dejó descansar la cabeza sobre la mano e intentó pensar en algo que pudiera ayudarlo. Seguramente habría algo que…
Una luz cegadora atravesó la habitación.
Perpleja, alzó la vista y se encontró con Afrodita que acababa de materializarse junto a la cama. Si se hubiese encontrado con un burro en la cocina no se hubiese sorprendido tanto. 
La diosa perdió el color del rostro al contemplar cómo su hijo se revolvía, agitado por los espasmos, sufriendo una horrible agonía. Alargó una mano hacia él y la retiró con brusquedad, dejándola caer mientras apretaba el puño. 
En ese momento miró a ______.
— Le quiero —dijo en voz baja.
— Yo también. 
Afrodita clavó la mirada en el suelo, pero ______ fue testigo de su lucha interior. 
— Si lo libero, lo apartarás de mí para siempre. Si no lo hago, las dos lo perderemos. —Afrodita la miró a los ojos—. He estado pensando acerca de lo que me dijiste y creo que tienes razón. Lo hice fuerte y jamás debí castigarlo por eso. Lo único que deseaba es que me llamara madre. —Miró a su hijo.
» Sólo quería que me quisieras, Tom. Un poquito nada más.
______ tragó saliva al ver el dolor en el rostro de Afrodita cuando acarició la mano de Tom. 
Él siseó, como si el roce le hubiese quemado la piel.
Afrodita retiró la mano.
— Prométeme que lo cuidarás mucho, ______.
— Tanto como él me lo permita; lo prometo. 

Afrodita asintió y colocó la mano sobre la frente de Tom. Él echó la cabeza hacia atrás, como si acabara de ser alcanzado por un rayo. La diosa inclinó la cabeza y lo besó con ternura en los labios. 
Al instante, Tom se relajó y su cuerpo se quedó inmóvil.
Los grilletes se abrieron y aún así no se movió. El corazón de ______ dejó de latir al darse cuenta de que Tom no respiraba. Aterrorizada, alargó una temblorosa mano para tocarlo.
Él inspiró con brusquedad.
Mientras Afrodita tendía la mano hacia Tom, ______ percibió en sus ojos la necesidad de sentir el amor de un hijo que ni siquiera sabía que estaba allí. Era la misma mirada anhelante que a menudo captaba en los ojos de Tom cuando él no era consciente de que lo estaba observando. 
¿Cómo era posible que dos personas que se necesitaban tan desesperadamente no fuesen capaces de arreglar las cosas?
Afrodita desapareció en el mismo instante que Tom abrió los ojos.
______ se acercó a él. Temblaba tanto que le castañeteaban los dientes. La fiebre había desaparecido y su piel estaba tan fría como el hielo.
Recogió el edredón del suelo y lo cubrió con él.
— ¿Qué ha pasado? —preguntó Tom con voz insegura. 
— Tu madre te liberó.
Tom pareció enmudecer por la sorpresa.
— ¿Mi madre? ¿Ha estado aquí?
______ asintió con la cabeza.
— Estaba preocupada por ti.
Tom no podía creer lo que estaba escuchando. ¿Sería cierto?
Pero, ¿por qué iba a ayudarlo su madre ahora si siempre le había vuelto la espalda cuando más la había necesitado? No tenía sentido.
Con el ceño fruncido, intentó bajarse de la cama.
— No, ni hablar —le dijo ______ con brusquedad—. Acabo de hacer que te pongas bien y no voy a…
— Necesito ir al baño urgentemente —la interrumpió él.
— ¡Ah! 
______ lo ayudó a bajar de la cama. Estaba tan débil que no se aguantaba en pie y ella lo sostuvo hasta atravesar el pasillo. Tom cerró los ojos e inhaló el dulce aroma de ______. Temeroso de hacerle daño, intentó no apoyarse demasiado en ella.
Su corazón se enterneció al ver la forma en que ella lo cuidaba, al percibir la sensación de sus brazos envolviéndole la cintura mientras lo ayudaba a caminar.
Su ______. ¿Cómo iba a soportar separarse de ella?
Una vez atendió sus necesidades, ella le preparó un baño caliente y lo ayudó a meterse en la bañera.
Tom la contempló mientras lo lavaba. Le parecía imposible que hubiese permanecido a su lado todo aquel tiempo. No recordaba casi nada de los últimos días, pero se acordaba del sonido de su voz atravesando la oscuridad para reconfortarlo.
La había oído pronunciar su nombre a gritos y, en ocasiones, estaba seguro de haber sentido su mano sobre la piel, anclándolo a la cordura. 
Sus caricias habían sido su salvación.
Cerrando los ojos, disfrutó de la sensación de las manos de ______ deslizándose sobre su piel mientras lo lavaba. Le recorrían el pecho, los brazos y el abdomen. Y cuando rozaron accidentalmente su erección, no pudo evitar dar un respingo ante la intensidad con la que percibió la caricia. 
Cómo la deseaba…

CAPITULO # 105
Cómo la deseaba…
— Bésame —balbució Tom.
— ¿No será peligroso?
Él le sonrió.
— Si pudiese moverme ya estarías conmigo en la bañera. Te aseguro que en este momento estoy tan indefenso como un bebé.
Vacilante, ella se humedeció los labios y le acarició una mano; su roce fue suave y tierno. Lo miró fijamente a los labios como si pudiera devorarlo, y Tom sintió que el frío desaparecía al contemplar sus ojos. 
______ se inclinó y lo besó con ansia. Él gimió al sentir sus labios; anhelaba mucho más. Necesitaba sus caricias.
Para su sorpresa, obtuvo lo que deseaba.
______ se apartó un instante de sus labios, lo suficiente para quitarse la ropa y quedarse desnuda ante él. Lentamente y con movimientos seductores, se metió en la bañera y se sentó a horcajadas sobre su cintura. 
Tom volvió a gemir al sentir su vello púbico sobre el estómago. ______ lo besó de nuevo, tan ardientemente que él creyó que se abrasaba. 
¡Maldición, ni siquiera podía abrazarla! No podía mover los brazos. Y necesitaba con desesperación rodearla con fuerza. 
Ella debió percibir su frustración porque se incorporó con una sonrisa.
— Ahora me toca mimarte —susurró antes de enterrar los labios en su cuello.
Cerró los ojos mientras ______ dejaba un rastro de besos sobre su pecho. Cuando llegó al pezón todo comenzó a darle vueltas al sentir la lengua de ______ jugueteando y succionándolo. Nada había conseguido estremecerlo del modo que lo hacían sus caricias. No recordaba ninguna ocasión en la que alguien le hubiese hecho el amor a él. 
Y ninguna mujer se había entregado de aquel modo. Ni le había dado tanto. 
Contuvo la respiración en el momento que ella introdujo la mano entre sus cuerpos.
— Ojalá pudiese hacerte el amor —susurró Tom.
Ella alzó la cabeza para mirarlo a los ojos.
— Lo haces cada vez que me tocas.
Sin saber cómo, consiguió abrazarla, aunque los brazos no dejaban de temblarle, y la atrajo hacia su pecho para reclamar sus labios. 
La escuchó quitar el tapón con el pie mientras profundizaba el beso aún más y atormentaba con leves caricias su miembro hinchado. 
Tom sintió vértigo al notar la mano de ella sobre su ereccion. Ansiaba sus caricias; las anhelaba de un modo que no era capaz de definir. 
Una vez la bañera se vació de agua, ______ abandonó sus labios para abrasarle la piel con diminutos besos, descendiendo por el pecho. Tom echó la cabeza hacia atrás y la apoyó en el borde mientras ella le pasaba la lengua por el estómago y la cadera.
Y entonces, para su sorpresa, se llevó su miembro a la boca. Él gruñó y le sujetó la cabeza con ambas manos, deleitándose en las sensaciones que provocaban la lengua y la boca de ______, lamiendo y rodeando su miembro. Ninguna otra mujer había hecho eso antes. Se habían limitado a tomar lo que podían de él, sin ofrecerle jamás nada a cambio. 
Hasta que ______ llegó.
Su boca arrasó con los resquicios de su sentido común y venció lo poco que quedaba de su resistencia. Le temblaba todo el cuerpo por la ternura que ella estaba demostrando.
— Lo siento —se disculpó ______, alejándose de él—. Otra vez estás temblando de frío.
— No es por el frío —le contestó con voz ronca—. Es por ti.
La sonrisa de ______ le atravesó el corazón. Volvió a inclinarse y prosiguió con su implacable asalto. 
Cuando terminó, Tom creyó haber sufrido una intensa sesión de tortura. No podría sentirse más satisfecho aunque hubiese llegado al clímax. 
______ lo ayudó a salir de la bañera. Aún le temblaban las piernas y tuvo que apoyarse en ella para llegar a la habitación. 
Ella lo sostuvo hasta que estuvo acostado y, después, lo tapó con todas las mantas que encontró. Depositó un beso tierno sobre su frente y acomodó la ropa de la cama.
— ¿Tienes hambre?
Tom sólo fue capaz de asentir con la cabeza.
Ella se apartó de su lado el tiempo justo para calentar un tazón de sopa. Cuando regresó, él estaba profundamente dormido. 
Dejó el tazón en la mesita de noche y se acostó junto a él. Lo abrazó y se quedó dormida.

Tom tardó tres días en recuperar toda su fuerza. Durante todo ese tiempo, ______ estuvo a su lado. Ayudándolo.
No acababa de comprender el motivo de la devoción que ella le profesaba. Y su fuerza. Era la mujer que había estado esperando toda su vida. Y con cada día que pasaba, era consciente de que el amor que sentía por ella crecía un poco más. La necesitaba a su lado. 
— Tengo que decírselo —se dijo a sí mismo mientras se secaba con una toalla. No podía permitir que pasara un día más sin que ella supiese lo que significaba para él.
Dejó el cuarto de baño y atravesó el pasillo hasta llegar al dormitorio de ______. Estaba hablando con Selena.
— Por supuesto que no le he contado lo que su madre me dijo. ¡Jesús!
Tom retrocedió un paso y se apoyó contra la pared mientras escuchaba a ______.
— ¿Qué se supone que debo decirle? ¿«Por cierto, Tom, tu madre me ha amenazado»?
Él sintió que acababan de darle un golpe en el pecho y comenzó a verlo todo negro. Entró a la habitación.
— ¿Cuándo has hablado con mi madre? —inquirió.
______ alzó la vista, sorprendida.
— Esto… Lanie, tengo que colgar. Adiós. —Dejó el auricular en su sitio.
— ¿Cuándo has hablado con ella? —insistió.
______ encogió los hombros descuidadamente.
— El día que comenzaste a sentirte mal.
— ¿Qué te dijo?
Ella volvió a encoger los hombros, esta vez con timidez. 
— No fue una verdadera amenaza, sólo me dijo que no te compartiría conmigo. 
La ira lo atravesó. ¡Cómo se había atrevido! ¿Quién demonios se creía su madre que era como para exigir que ______ o él mismo la obedecieran?
Qué imbécil había sido al pensar que el corazón de Afrodita se había ablandado. 
¿Cuándo iba a aprender?
— Tom —lo increpó ______, poniéndose en pie y acercándose a él, al pie de la cama—, ella ha cambiado. Cuando vino a liberarte…
— No, ______ —la interrumpió—. La conozco mucho mejor que tú.
Y sabía de lo que su madre era capaz. Su crueldad hacía que las acciones de su padre pareciesen meras travesuras. 
Con el corazón abatido, comprendió que jamás podría confesarle a ______ lo que sentía por ella.
Y lo que era aún peor, no podía quedarse con ella. Si algo había aprendido acerca de los dioses era que jamás lo dejarían vivir en paz. 
¿Cuánto tiempo tardarían en hacer daño a ______? ¿Cuánto tiempo le llevaría a Príapo ponerla en su contra? ¿O cuándo se vengaría su madre de ambos?
Tarde o temprano, le pasarían factura por ser feliz. No le cabía la menor duda. Y la simple idea de que ______ pudiese sufrir…
No. Jamás podría arriesgarse.

CAPITULO # 106 (FIN DEL MARATOM)

Los días pasaron volando mientras ellos permanecían tanto tiempo juntos como les resultaba posible.
Tom enseñó a ______ cultura clásica griega y algunas formas muy interesantes de disfrutar del Reddi-wip y la crema de chocolate. ______ le enseñó a desahuciar al contrario en el Monopoly y a leer en inglés. 
Después de unas cuantas clases más de conducción, y de un nuevo embrague, ______ reconoció que Tom no tenía futuro al frente de un volante. 
A ______ le parecía que apenas había pasado el tiempo y, sin embargo, el último día del plazo de Tom llegó tan rápido que la dejó aterrorizada.
La noche previa a ese fatídico día, hizo el más sorprendente de los descubrimientos: no podía vivir sin Tom. 
Cada vez que pensaba en retomar su antigua vida, sin él, creía morir de dolor. 
Pero finalmente comprendió que la decisión era de Tom, y sólo de él.
— Por favor, Tom —le susurró mientras él dormía a su lado—. No me abandones.

Ninguno de los dos habló mucho en todo el día. De hecho, Tom la evitó constantemente.
Eso, más que ningún otro detalle, le hizo imaginarse cuál era la decisión que había tomado. 
______ tenía el corazón destrozado. ¿Cómo podía abandonarla después de todo lo que habían pasado juntos? ¿Después de todo lo que habían compartido?
No podía soportar la idea de perderlo. La vida sin él sería intolerable. 
Al atardecer, lo encontró sentado en la mecedora del porche, contemplando el sol por última vez. Su rostro tenía una expresión tan dura que apenas si podía reconocer al hombre alegre que había llegado a amar tanto. 
Cuando el silencio se hizo demasiado insoportable, le habló:
— No quiero que me abandones. Quiero que te quedes aquí, en mi época. Puedo cuidar de ti, Tom. Tengo mucho dinero y te enseñaré todo lo que desees saber. 
— No puedo quedarme —le contestó entre dientes—. ¿Es que no lo entiendes? Todos los que han estado cerca de mí alguna vez han sido castigados por los dioses: Jasón, Penélope, Calista, Atolycus. —La miró como si estuviese aturdido—. ¡Por Zeus! Kyrian acabó crucificado.
— Esta vez será diferente.
Se puso en pie y la miró con dureza. 
— Tienes razón. Será diferente. No voy a quedarme aquí para ver cómo mueres por mi culpa.
Pasó por su lado y entró a la casa.
______ apretó los puños, deseando estrangularlo.
— ¡Eres un… testarudo!
¿Cómo podía ser tan insoportable?
En ese momento notó que el diamante del anillo de boda de su madre se le clavaba en la palma de la mano. La abrió y lo miró durante un buen rato. Estaba a punto de conseguir que el pasado dejara de atormentarla. Por primera vez en su vida tenía un futuro en el que pensar. Un futuro que la llenaba de felicidad.
Y no estaba dispuesta a permitir que Tom lo echara todo por la borda.
Más decidida que nunca, abrió la puerta de la casa y sonrió maliciosamente.
— No vas a librarte de mí, Tom de Macedonia. Puede que hayas vencido a los romanos, pero te aseguro que a mi lado son unos enclenques. 
Tom estaba sentado en la salita, con su libro en el regazo. Pasaba la palma de la mano sobre la antigua inscripción, despreciándola más que nunca.
Cerró los ojos y recordó la noche que ______ lo convocó. Recordó lo que se sentía cuando no tenía conciencia de su propia identidad. Cuando no era más que un simple esclavo sexual griego.
Hacía mucho, mucho tiempo que se hallaba perdido en un lugar oscuro y temible, y ______ lo había encontrado. 
Con su fortaleza y su bondad había conseguido desafiar lo peor que había en él y le había devuelto la humanidad. Sólo ella había percibido su corazón y había decidido que merecía la pena luchar por él.
Quédate con ella.
¡Por los dioses!, qué fácil parecía. Qué sencillo. Pero no se atrevía. Ya había perdido a sus hijos. ______ era la dueña de lo que le quedaba de corazón, y perderla por culpa de su hermano…
Sería lo más doloroso a lo que jamás se hubiera enfrentado.





CHICAS!! YA VA A ACABAR LA HISTORIA :(( ... LO SE SOLO QUEDAN 11 CAPS Y SE ACABA ... LO SE ... ES TRISTE PERO NI MODOS ... BUENO ESPERO QUE LES GUSTEN LOS CAPS ... NOS VEMOS EN LA PROXIMA ACTUALIZACION, IGUAL SI VEO MAS DE 1 COMENTARIO LES AGREGO SINO .. NO ... ADIOS :))

viernes, 16 de mayo de 2014

capitulos del maratom

CAPITULO # 99
— ¿Por qué has tenido que cambiarme, ______? ¿Por qué no me dejaste como estaba? Había aprendido, a fuerza de voluntad, a no sentir nada. Simplemente venía a este mundo, hacía lo que me ordenaban y me marchaba. No deseaba nada. Y ahora… —miró a su alrededor, como un hombre inmerso en una pesadilla de la que no puede escapar. 
Ella alargó el brazo.
— Tom…
Negando con la cabeza, él se alejó de su mano.
— ¡No! —exclamó, mesándose el cabello—. No sé a dónde pertenezco. No lo entiendes.
— Entonces, explícamelo —le suplicó ______.
— ¿Cómo voy a explicarte lo que es caminar entre dos mundos y ser despreciado por ambos? No soy humano, ni tampoco un dios; soy un híbrido abominable. No tienes idea de cómo crecí: mi madre me entregó a mi padre, que me entregó a su esposa, que me entregaba a cualquiera que estuviese cerca para alejarme de su vista. Y durante los últimos veinte siglos no he sido más que una moneda de cambio, algo que se podía comprar y vender. He pasado toda mi vida buscando un lugar al que poder llamar hogar. Buscando a alguien que me quisiera por lo que soy, no por mi rostro ni por mi cuerpo. —El tormento que reflejaban sus ojos hería a ______ como una quemadura. 
— Yo te quiero, Tom.
— No, no es cierto. ¿Cómo ibas a quererme?
Ella se quedó boquiabierta ante su pregunta.
— Mejor di que cómo no iba a hacerlo. Dios mío, jamás en mi vida he deseado estar junto a alguien como ahora deseo estar contigo. 
— Es lujuria, nada más.
Eso sí consiguió enfadarla. ¡Cómo se atrevía a despreciar sus sentimientos como si fuesen algo trivial! Lo que sentía hacia él era mucho más profundo que la mera lujuria, era algo que le llegaba hasta el alma.
— No me digas lo que siento o lo que no. No soy una niña.
Tom meneó la cabeza, incapaz de creer sus palabras. Se trataba de la maldición. Tenía que ser eso. Nadie podía amarlo. Nadie lo había hecho nunca, desde el día en que nació.
Pero que ______ lo amara…
Sería un milagro. Sería…
La gloria. Y él no había nacido para saborearla.
«Sufrirás como ningún otro hombre lo ha hecho.»
Sólo se trataba de otra estratagema de los dioses. Otro cruel engaño concebido para castigarlo.
Y ya estaba cansado. Exhausto y agotado por la lucha. Sólo quería escapar al sufrimiento. Buscaba un puerto donde refugiarse de aquellos aterradores sentimientos que lo asaltaban cada vez que la miraba.
______ apretó los dientes al ver la negativa en los ojos de Tom. Pero, ¿quién podía culparlo?
Lo habían herido en incontables ocasiones. Pero de algún modo, de alguna forma, lograría probarle lo mucho que significaba para ella.
Tenía que hacerlo. Porque perderlo significaría la muerte para ella.

CAPITULO # 100
Tom mantuvo la distancia entre ellos lo que quedaba del fin de semana. Por mucho que ______ intentaba derribar la barrera que lo rodeaba, él la apartaba sin dudarlo. 
Ni siquiera quería que le leyera.
Totalmente descorazonada, se fue al trabajo el lunes por la mañana, pero ni siquiera debería haberse molestado en acudir a la consulta. No podía concentrarse en otra cosa que no fuesen sus celestiales ojos cafeses, cargados de confusión. 
— ¿______ Alexander?
______ alzó la mirada del escritorio y vio a una mujer rubia, increíblemente hermosa, de poco más de veinte años que estaba parada en el hueco de la puerta. Parecía que acababa de salir de un desfile de modas en Europa, con aquel traje de seda roja de Armani y las medias y los zapatos a juego. 
— Lo siento —le dijo ______—. Mi hora de visitas ha acabado. Si quiere volver mañana…
— ¿Tengo aspecto de necesitar a una sexóloga? 
A primera vista, no. Pero claro, ______ había aprendido hacía ya mucho tiempo a no hacer juicios apresurados sobre los problemas de la gente.
Sin que la invitara, la mujer entró tranquilamente a su consulta con un andar presuntuoso y elegante que le resultaba extrañamente familiar. Caminó hacia la pared donde estaban colgados los títulos y certificados de ______.
— Impresionante —le dijo. Pero su tono expresaba todo lo contrario.
Se volvió para observar concienzudamente a ______ y, por la mueca burlona en su rostro, ésta supo que la mujer la encontraba seriamente deficiente. 
— No eres lo bastante hermosa para él, ¿sabes? demasiado baja y demasiado rechoncha. ¿Y dónde has encontrado ese vestido?
Completamente ofendida, ______ adoptó una postura rígida.
— ¿Cómo dice?
La mujer ignoró su pregunta.
— Dime, ¿no te molesta estar cerca de un hombre como Tom, sabiendo que si tuviese oportunidad, jamás querría estar contigo? Tiene un cuerpo tan bien formado, es tan elegante… Tan fuerte y cruel… Sé que nunca antes has tenido detrás de ti a un hombre como él, y jamás volverás a tenerlo.
Atónita, ______ no era capaz de hablar.
Y tampoco tuvo que hacerlo; la mujer siguió sin detenerse.
— Su padre era como él. Imagínate a Tom con el pelo oscuro, un poco más bajo y de apariencia más vulgar, no tan refinado. Pero aún así, ese hombre tenía unas manos que… Mmm… —Sonrió pensativamente, con la mirada perdida—. Por supuesto Diocles tenía todo el cuerpo marcado por horribles cicatrices de las batallas; tenía una espantosa que le atravesaba la mejilla izquierda. —Entrecerró los ojos con ira—. Jamás olvidaré el día que intentó marcar a Tom con una daga, para hacerle esa misma cicatriz. En ese momento hubiera deseado que viviese lo suficiente para arrepentirse de esa infracción, pero me aseguré de que no lo hiciera. Tom es físicamente perfecto, y jamás permitiré que nadie estropee la belleza que yo le di. —La fría y calculadora mirada que Afrodita dedicó a ______ hizo que ésta se estremeciera.
» No compartiré a mi hijo contigo.
La posesividad de las palabras de la diosa despertó la ira de ______. ¿Cómo se atrevía a aparecer ahora y a decir tal cosa?
— Si Tom significa tanto para ti, ¿por qué lo abandonaste?
Afrodita la miró, furiosa.
— ¿Crees que me dejaron otra opción? Zeus se negó a darle la ambrosía; ningún mortal puede vivir en el Olimpo. Antes de que pudiera siquiera protestar, Hermes me lo quitó de los brazos y lo entregó a su padre.
______ vio el horror en el rostro de Afrodita al recordar aquel momento.
— Mi dolor por su pérdida iba más allá de los límites humanos. Inconsolable, me encerré para alejarme de todo. Cuando fui capaz de enfrentarme a todos ellos de nuevo, habían pasado catorce años en la tierra. Apenas si reconocí al bebé que yo había amamantado. Y él me odiaba. —Sus ojos brillaron como si estuviese luchando por contener las lágrimas.
» No tienes idea de lo que es ser madre, y que ese hijo que has llevado en tu vientre maldiga hasta tu propio nombre. 
______ comprendía su dolor, pero era a Tom a quien amaba; y su sufrimiento era lo que más le preocupaba.
— ¿Alguna vez intentaste decirle cómo te sentías?
— Por supuesto que lo hice —espetó la diosa—. Le envié a Eros con mis regalos. Me los devolvió, con un mensaje que un hijo no debería decirle a su madre jamás. 
— Estaba herido.
— Y yo también —gritó Afrodita. Todo su cuerpo temblaba de furia.
Desconfiada y bastante asustada por lo que una diosa enfadada pudiera hacer con ella, ______ observó cómo Afrodita cerraba los ojos y respiraba hondo para calmarse.
Cuando volvió a hablar, lo hizo con voz dura y el cuerpo tenso.
— Aún así, envié de nuevo a Eros con más regalos para Tom. Los rechazó todos. Me vi a obligada a presenciar cómo juraba lealtad y servicio a Atenea en venganza. —Masculló el nombre de la diosa como si la despreciara. 
» Fue en su nombre que conquistó ciudades con los dones que yo le otorgué cuando nació: la fuerza de Ares, la templanza de Apolo y las bendiciones de las Musas y las Gracias. Incluso lo sumergí en el río Estigio para asegurarme de que ningún arma humana pudiera matarlo o dejarlo marcado y, a diferencia de lo que hizo Tetis con Aquiles, sumergí también sus tobillos para que no tuviese ni un solo punto vulnerable. —Meneó la cabeza como si aún no pudiese creer lo que Tom hizo.
» Hice todo lo que estuvo en mis manos por ese chico, y él no me demostró la más mínima gratitud. Ni el respeto que merecía. Finalmente, dejé de intentarlo. Puesto que rechazaba mi amor, me aseguré de que nadie lo amara jamás. 
El corazón de ______ se detuvo al escuchar el egoísmo de la diosa.
— ¿Que hiciste qué?
Afrodita alzó la barbilla, altanera, como una reina orgullosa de sus frías y sangrientas hazañas.
— Le maldije del mismo modo que él lo hizo conmigo. Me aseguré de que ninguna mujer humana pudiese mirarlo sin desear su cuerpo, y de que todo hombre que estuviese a su alrededor lo envidiara profundamente.
______ no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Cómo podía una madre ser tan cruel?
Y tan pronto como ese pensamiento se alejó de su mente, la asaltó otro aún más horrible:
— Tú fuiste la culpable de que Penélope muriera, ¿verdad?
— No, eso fue obra de Tom. Por supuesto que yo estaba enfurecida cuando Eros me contó lo que había hecho por su hermano, y también porque Tom había acudido a él y no a mí.
» Puesto que no podía deshacer lo que la flecha de Eros había conseguido, decidí mermar sus efectos. Lo que Tom tuvo con Penélope fue algo insípido, y él lo sabe. —Afrodita se acercó hasta la ventana y contempló la ciudad.

CAPITULO # 101
» Si Tom hubiese acudido a mí alguna vez, habría dejado que Penélope lo amara. Pero no lo hizo. Lo observé acercarse a ella, noche tras noche, tomándola una y otra vez, y percibí su malestar, su angustia porque sabía que su esposa no lo amaba. Y todavía seguía rechazándome y maldiciéndome. 
» Fueron las lágrimas que derramé por él a lo largo de los años lo que puso a Príapo en su contra. Siempre ha sido el más leal de mis hijos. Debí detenerlo tan pronto como supe que quería la sangre de Tom, pero no lo hice. Ansiaba que la ira de Príapo consiguiera que Tom me buscara e implorara mi ayuda. —Apretó los dientes.
» Pero no lo hizo. 
______ comprendía su dolor, pero eso no cambiaba lo que le había hecho a su hijo.
— ¿Cómo es que Tom acabó siendo maldecido?
La diosa tragó saliva.
— Todo comenzó la noche que Atenea le contó a Príapo que no existía otro hombre más valiente y fuerte que Tom. Ella lo retó a enfrentar a su mejor general con Tom. Dos días más tarde, contemplé cómo Tom cabalgaba hacia la batalla y supe que no perdería. Cuando venció al ejército romano, Príapo se enfureció. 
» Eros se fue de la lengua y le contó lo que había hecho. Al instante, Príapo fue en busca de Jasón y Penélope. Yo no sabía las repercusiones que iba a tener. —Se envolvió la cintura con los brazos.
» Nunca tuve intención de que los niños murieran. No te imaginas las veces que me pregunto al cabo del día por qué dejé que ocurriera aquello. 
— ¿No hubo ningún modo de evitarlo?
Afrodita negó tristemente con la cabeza.
— Incluso mis poderes están limitados por las Parcas. Cuando Tom se dirigió a mi templo, tras verlos a todos muertos, contuve el aliento pensando que por fin acudía en busca de mi ayuda. Y entonces vio a esa puerca con la túnica de Príapo que se arrojó a sus brazos y le pidió que tomara su virginidad antes de que tuviese lugar la ceremonia en la que sería reclamada por mi otro hijo. Si Tom hubiese pensado con claridad, sé que la habría rechazado. —El rostro de la diosa se ensombreció por la furia.
» Si no hubiese sido por Alexandria, ese día mi hijo hubiese venido a mí. Sé que me habría pedido ayuda. Pero era demasiado tarde. Todo acabó en el mismo momento en que se derramó en ella. 
— ¿Y aún así te negaste a ayudarlo?
— ¿Cómo podía elegir entre dos de mis hijos?
______ se horrorizó ante la pregunta.
— ¿Y no fue eso lo que hiciste cuando permitiste que encerraran a Tom en un pergamino?
Los ojos de Afrodita brillaron con tal malicia que ______ dio un paso atrás.
— Tom fue quien me rechazó. Todo lo que tenía que hacer era pedirme ayuda y yo se la habría dado.
______ no podía creer lo que estaba oyendo. Para ser una diosa, Afrodita era bastante egoísta y corta de entendederas. 
— Toda esta tragedia porque ninguno de los dos ha querido rebajarse a suplicar al otro. No puedo creer que concedieras a Tom la fuerza de Ares y luego lo maldijeras por esa fuerza que tú misma le otorgaste. En lugar de esperarlo o de enviar a otros en tu nombre, ¿no se te ocurrió nunca ir en persona?
Afrodita la miró furiosa e indignada.
— Yo soy la Diosa del Amor, ¿cómo quieres que me arrastre? ¿Tienes la más ligera idea de lo embarazoso que es para mí que mi propio hijo me odie?

CAPITULO # 102 (FIN DEL MARATOM)

— ¿Embarazoso? Tienes al resto del mundo para amarte. Tom no tiene a nadie.
Afrodita se acercó a ella, furiosa.
— Aléjate de él. Te lo advierto.
— ¿Por qué? ¿Por qué me amenazas cuando no lo hiciste con Penélope?
— Porque él no la amaba.
______ se quedó paralizada.
— ¿Estás diciéndome…?
La diosa se esfumó.
— ¡Venga ya! —gritó ______ mirando al techo—. ¡No puedes esfumarte en mitad de una conversación!
— ¿______?
La voz de Beth hizo que diera un respingo. Girándose de inmediato, la vio asomándose por la puerta.
— ¿Con quién estás hablando? —le preguntó Beth. 
______ hizo un gesto abarcando la consulta y después pensó que no sería muy inteligente decirle a su compañera la verdad.
— Conmigo misma.
Beth la miró sin acabar de creérselo.
— ¿Tienes la costumbre de gritarte a ti misma?
— A veces.
Beth alzó una de sus oscuras cejas.
— Me parece que necesitas una sesión —comentó mientras se alejaba.
Haciendo caso omiso de su compañera, ______ no perdió tiempo en recoger sus cosas. Estaba deseando llegar a casa para ver a Tom.

Tan pronto como abrió la puerta supo que algo iba mal. Tom no salió a recibirla.
— ¿Tom? —lo llamó.
— Arriba.
______ dejó las llaves y el correo sobre la mesa, y subió los escalones de dos en dos.
— No vas a creerte quién pasó hoy por la… —su voz se desvaneció al llegar a la puerta de su dormitorio y ver a Tom con una mano encadenada a los barrotes de la cama, tendido en el centro del colchón, sin camisa y con la frente cubierta de sudor.
— ¿Qué estás haciendo? —le preguntó muerta de miedo.
— No puedo luchar más, ______ —le contestó respirando entrecortadamente.
— Tienes que intentarlo.
Él meneó la cabeza.
— Necesito que me encadenes la otra mano. No llego.
— Tom…
Él la interrumpió con una amarga y brusca carcajada.
— ¿No es irónico? Tengo que pedirte que me encadenes cuando todas las demás lo hacían libremente a las pocas horas de presentarme ante ellas. —La miró directamente a los ojos—. Hazlo, ______. No podría seguir viviendo si te hiciese daño. 
Con el corazón en un puño, ella cruzó la habitación hasta llegar junto a la cama.
Cuando estuvo bastante cerca, Tom alargó el brazo y acarició su mejilla. La acercó hasta él y la besó, tan profundamente que ______ pensó que iba a desmayarse.
Fue un beso feroz y exigente. Un beso que hablaba de deseo. Y de promesas.
Tom mordisqueó sus labios y la alejó.
— Hazlo.
______ pasó el grillete de plata por los barrotes del cabecero. 
El alivio de Tom fue evidente. Hasta ese momento, ______ no se había dado cuenta de lo tenso que había estado durante la semana anterior. Apoyó la cabeza en la almohada y, con dificultad, respiró hondo.
______ se acercó y le pasó una mano por la frente.
— ¡Dios santo! —jadeó. Estaba tan caliente que casi le hizo una quemadura—. ¿Qué puedo hacer?
— Nada, pero gracias por preguntar.
______ fue hacia el vestidor en busca de su ropa. Cuando empezó a desabrocharse la blusa, Tom la detuvo.
— Por favor, no lo hagas delante de mí. Si veo tus pechos… —Echó la cabeza hacia atrás como si alguien le hubiese aplicado un hierro candente.
______ fue consciente en ese momento de lo acostumbrada que estaba a su presencia; no había pensado en desnudarse en otro lado.
— Lo siento —se disculpó.
Se cambió en el cuarto de baño y mojó unas toallas para colocárselas en la frente.
Volvió a la habitación para refrescarlo.
Le acarició el pelo, empapado de sudor.
— Estás ardiendo.
— Lo sé. Me siento como si estuviese en un lecho de brasas.
Siseó cuando ______ le acercó la toalla fría.
— No me has contado qué tal te ha ido el día —le dijo sin aliento.
______ jadeó al sentir que el amor y la felicidad la invadían. Todos los días Tom le hacía esa pregunta. Todos los días contaba las horas para regresar a casa junto a él.
No sabía lo que iba a hacer cuando se marchara.
Obligándose a no pensar en eso, se concentró en cuidarlo.
— No hay mucho que contar —susurró. No quería agobiarlo con lo que su madre le había confesado. No mientras estuviese así. Ya lo habían herido bastante, y no sería ella la que aumentara su dolor—. ¿Tienes hambre? —le preguntó.
— No.
______ se sentó a su lado. Pasó toda la noche leyéndole y refrescándolo. 
Tom no durmió. No pudo. Sólo era consciente de la piel de ______ cuando lo tocaba y de su dulce perfume floral. Invadía sus sentidos y hacía que la cabeza le diera vueltas. Todas las fibras de su cuerpo le exigían que la poseyera.
Con los dientes apretados, tiró de las cadenas de plata que apresaban sus muñecas y luchó contra la oscuridad que amenazaba con devorarlo. No quería rendirse.
No quería cerrar los ojos y desaprovechar el poco tiempo que le quedaba para estar junto a ______ mientras aún estuviese cuerdo. Si dejaba que la oscuridad lo consumiera no se despertaría hasta estar de vuelta en el libro. Solo.
— No puedo perderla —murmuró. La simple idea de perderla hacía pedazos lo poco que le quedaba de corazón.

sábado, 10 de mayo de 2014

Capitulos del maratom

CAPITULO # 95
Los días siguientes fueron los mejores de la vida de ______. Una vez se acostumbró a la regla que Tom impuso, que prohibía los besos y las caricias íntimas e incitantes, desarrollaron una relación agradable que fue casi una sorpresa para ella. 
Pasaba los días en el trabajo, almorzaba a menudo con Tom y Selena, y dedicaba las noches a tumbarse entre sus maravillosos brazos.
Sin embargo, con cada día que pasaba, saber que iba a abandonarla a final del mes la dejaba destrozada.
¿Cómo iba a soportarlo?
Aunque la idea no abandonaba nunca su mente, se negó a pensar en eso constantemente. Viviría el momento y se preocuparía del mañana cuando llegara.
El sábado por la noche quedaron con Selena y Bill en Tip’s, en el Barrio Francés. Aunque con bastante más afluencia de turistas que el original Tippitinas’s, era la noche de Zydeco y ella quería que Tom escuchara la música que Nueva Orleáns había hecho famosa.
— ¡Eh! —Les dijo Selena mientras se aproximaban a la mesa, en el fondo del local—. Empezaba a preguntarme si ibais a dejarnos colgados.
______ se sintió enrojecer al recordar el motivo de su retraso. Algún día de estos aprendería a cerrar la puerta del baño mientras se duchaba…
— Hola Tom, ______ —les saludó Bill.
______ sonrió al ver la escayola del brazo de Tom que Selena había decorado con pintura fluorescente.
Tom inclinó la cabeza a modo de saludo mientras retiraba una silla para que ______ se sentara y, después, hizo lo propio a su lado. En cuanto apareció el camarero pidieron cervezas y nachos, y Selena comenzó a seguir el ritmo de la música golpeando la mesa con la mano.
— Vamos, Lane —dijo Bill, malhumorado—. Será mejor que bailemos antes de que tenga que matarte por ese ruidito insoportable.
Con una ligera punzada de envidia, ______ observó cómo se alejaban.
— ¿Te gustaría bailar? —le preguntó Tom.
A ella le encantaba bailar, pero no quería que Tom pasara un mal rato. En su mente no había dudas de que él no sabía bailar música moderna. Pero, aún así, fue una invitación muy tierna por su parte.
— No, no pasa nada.
Pero él no la escuchó. Se puso en pie y le tendió la mano.
— Sí, claro que vas a bailar.

CAPITULO # 96

Tan pronto como llegaron a la pista de baile, ______ comprendió que aquel hombre bailaba tan bien como besaba.
Tom conocía cada paso y daba la sensación de que había nacido bailando. De hecho, sus movimientos eran elegantes sin perder el toque masculino y fascinante. ______ nunca había visto a nadie bailar así. Y por las envidiosas miradas femeninas que sentía clavadas en ella, podía imaginarse que todas aquellas mujeres tampoco habían presenciado antes nada semejante. 
Cuando el grupo terminó de tocar se sentía excitada y estaba sin aliento.
— ¿Cómo…?
— Fue el regalo de Terpsícore —le contestó Tom mientras le pasaba el brazo por los hombros y la mantenía fuertemente pegada a su cuerpo.
— ¿De quién?
— De la musa de la danza. 
______ sonrió. 
— Recuérdame que le envíe una nota de agradecimiento.
Al comenzar la siguiente canción, Tom miró fijamente a su izquierda y frunció el ceño.
— ¿Pasa algo? —preguntó ella, mientras seguía la dirección de su mirada.
Él meneó la cabeza y se frotó los ojos.
— Debo estar viendo visiones.
— ¿Qué has visto?
Tom volvió a mirar entre la multitud, buscando al hombre rubio y alto que acababa de ver por el rabillo del ojo. Aunque apenas había captado su imagen, juraría que se trataba de Kyrian de Tracia.
Con algo más de uno noventa de estatura, a Kyrian siempre le había resultado difícil perderse entre la multitud y, además, su modo de andar era bastante distintivo, ya que tenía un aura letal. 
Pero pensar que Kyrian estuviese en esa época era algo imposible. Debía ser la locura que volvía a hacer mella en él; ahora comenzaba a ver visiones.
— Nada —contestó.
Apartó el tema de su mente y la miró con una sonrisa. La siguiente canción era lenta y la atrajo hacia sus brazos, manteniéndola muy cerca de su cuerpo, al tiempo que se movían suavemente al ritmo de la música. ______ le rodeó el cuello y apoyó la cabeza en su pecho; podía inhalar el cálido aroma a sándalo que desprendía Tom. No sabía cómo, pero aquel olor conseguía que perdiera la cabeza por completo y que la boca se le hiciera agua. 
Con la mejilla apoyada sobre la cabeza de ______, Tom comenzó a acariciarle el pelo mientras ella escuchaba los latidos de su corazón. ______ podría quedarse así para siempre.
Pero la pieza terminó demasiado pronto. Y después de dos canciones rápidas, ______ tuvo que regresar a su asiento. Simplemente, no tenía el aguante de Tom.
Al encaminarse hacia la mesa, se dio cuenta de que Tom ni siquiera tenía la respiración alterada; pero eso sí, su frente estaba cubierta de sudor.
Él le apartó la silla. Se sentó muy cerca de ella y cogió su jarra de cerveza para tomar un gran trago.
— ¡Tom! —dijo Selena con una carcajada—. No tenía ni idea de que podías moverte así.
Bill puso los ojos en blanco.
— ¿Pensamientos lujuriosos de nuevo, Lane?
Selena le dio un puñetazo a su marido en el estómago.
— Sabes que no es eso. Tú eres el único juguete con el que me apetece jugar. 
Bill miró a Tom con escepticismo.
— Sí, claro.
______ vio cómo el rostro de Tom se ensombrecía.
— ¿Estás bien? —le preguntó.
Él le contestó con su sonrisa plagada de hoyuelos y a ella se le olvidó la pregunta.
Permanecieron sentados en silencio escuchando al grupo, mientras Tom y ______ se ofrecían nachos el uno al otro.

CAPITULO # 97

Cuando ______ apartó la mano de los labios de él, Tom la capturó y se la llevó de nuevo a la boca para chupar un poco de queso que se le había quedado pegado en la yema de un dedo. Pasó la lengua sobre su piel y ______ sintió que el cuerpo le estallaba en llamas.
No pudo más que reírse al notar cómo el deseo la consumía. Cómo deseaba haberse quedado en casa. ¡Le encantaría quitarle la ropa a Tom y lamer queso fundido sobre su cuerpo toda la noche!
Definitivamente, iba a añadir Cheez Whiz a la lista de la compra.
Con los ojos brillantes, Tom llevó la mano de ______ hasta su regazo y comenzó a mordisquearle el cuello antes de apartarse y tomar otro trago de cerveza. 
— Selena —le dijo Bill llamando la atención de su esposa, que estaba mirando a ______ y Tom. Le ofreció una servilleta—. Seguro que quieres limpiarte la baba que te gotea por la barbilla. 
Selena puso los ojos en blanco.
— ______, necesito ir al baño. Vamos.
Tom se echó hacia atrás para dejarla pasar. Observó cómo ______ se perdía entre la multitud y, casi al instante, las mujeres comenzaron a acercársele.
El estómago se le contrajo. ¿Por qué siempre tenían que revolotear a su alrededor? En ese momento, deseó que por una vez en su vida pudiera sentarse tranquilo sin tener que mantener a raya a un puñado de mujeres, de las cuales ni siquiera conocía sus nombres, antes de que empezaran a sobarlo. 
— Hola nene —coqueteó una atractiva rubia, que fue la primera en llegar a su lado—. Me gusta cómo bailas. ¿Qué tal si…?
— No estoy solo —le contestó él, entrecerrando los ojos a modo de advertencia.
— ¿Con ella? —se rió la mujer mientras señalaba con un dedo hacia el lugar por donde ______ había desparecido—. Venga ya. Pensaba que habías perdido una apuesta o algo así.
— Yo pensé que lo hacía por pena —comentó otra mujer que se acercó junto a una morena.
Dos hombres surgieron en ese momento de entre la multitud.
— ¿Qué hacéis aquí vosotras tres? —preguntaron los tipos a sus compañeras.
Las mujeres contemplaron contritas a Tom.
— Nada —ronroneó la rubia, mirándolo por última vez antes de darse la vuelta y marcharse.
Los hombres lo miraron furiosos.
Él alzó una ceja con un gesto burlón y tomó otro trago de cerveza con total normalidad. Los tipos debieron darse cuenta de que la idea de pelear con él era bastante estúpida, porque se reunieron con sus chicas y se marcharon. 
Tom suspiró, disgustado. Daba igual la época en la que se encontrara, algunas cosas no cambiaban. 
— Oye —le increpó Bill alzándose un poco por encima de la mesa—. Sé que últimamente has pasado mucho tiempo con mi mujer. Por tu bien, espero que no te estés metiendo en mi territorio. ¿Me has entendido?
Tom tomó una honda bocanada de aire. Bill no; él no.
— Por si no lo has notado, sólo estoy interesado en ______.
— Sí, claro —masculló Bill—. No intentes confundirme; ______ me cae muy bien, pero no soy idiota. No puedo creer que seas el tipo de hombre que se conforma con una hamburguesa cuando tiene un montón de jugosos solomillos de ternera esperándolo.
— Sinceramente, me importa una mierda lo que creas.
______ vaciló cuando Selena y ella regresaron junto a Tom y Bill. La tensión de Tom era palpable. Sostenía la cerveza con tanta fuerza que se sorprendía de que la botella no hubiera estallado, hecha añicos. 
— Bill —le dijo Selena mientras le pasaba los brazos alrededor del cuello—. ¿Te importaría mucho si bailo con Tom?
— Joder, claro que me importa.
De inmediato, Tom se disculpó y se acercó a la barra.
______ lo siguió con rapidez.
Pidió otra cerveza justo cuando ella llegó a su lado.
— ¿Estás bien? —le preguntó.
— Estupendamente.
Pero no lo parecía. Definitivamente, no parecía estar bien.
— ¿Sabes una cosa? Sé cuando no estás siendo sincero conmigo. Y ahora confiesa, Tom. ¿Qué pasa?
— Deberíamos marcharnos.
— ¿Por qué?
Tom lanzó una rápida mirada a Selena y Bill.
— Creo que sería lo más sensato.
— ¿Por qué?
Tom gruñó. Antes de que pudiera contestarle, tres hombres aparecieron tras él y, por sus expresiones, ______ intuyó que no estaban muy contentos.
Peor aún, parecía que Tom era la fuente de todos sus problemas.
El más grande era un monstruoso culturista, siete centímetros más bajo que Tom, pero bastante más musculoso y voluminoso. Hizo una especie de mohín al mirar la espalda de Tom de arriba abajo. Y, en ese instante, ______ lo reconoció. 
Paul.
El corazón empezó a latirle con rapidez. Físicamente, había cambiado muchísimo con los años. Tenía la cara más redonda, con arrugas prematuras alrededor de los ojos, y había perdido mucho pelo. Pero aún conservaba la misma sonrisa burlona.
— Éste era el que estaba con Amber —le dijo uno de sus acólitos.
Una calma mortal rodeó a Tom, haciendo que ______ se estremeciera de miedo. Ella no sabía de lo que era capaz y, por lo que estaba viendo, Paul no había cambiado por dentro tanto como por fuera. Un niñato de anuncio, rodeado de seguidores, que siempre se movía con su séquito. Todo lo que hacía tenía que ser notorio para dejar claro su poder. Con ese ego de chulo de playa, estaba claro que no se iría hasta que consiguiera enredar a Tom en una pelea.
Lo único que esperaba era que su general tuviera más sentido común y no cayera en la trampa.
— ¿Necesitáis algo? —preguntó, sin mirar a Paul ni a sus amigos. 
Paul se rió y palmeó a uno de los suyos en el pecho. 
— ¿Qué acento es ése? Tiene voz de pito. Pensaba que el niño bonito iba detrás de mi chica, pero por su pinta y por su voz, creo que iba detrás de uno de vosotros. 
Tom se giró y miró furioso a Paul. A cualquier otra persona con más entendederas, esa mirada la habría hecho retirarse.

CAPITULO # 98 (FIN DEL MARATOM)


Paul, por supuesto, carecía de entendederas. No había tenido nunca ni una pizca de sentido común. 
— ¿Qué pasa contigo, niño bonito? —se burló Paul—. ¿Te he ofendido? —Miró a sus amigos y meneó la cabeza—. Lo que pensaba; es un mariquita cobarde con voz de pito.
Tom soltó una carcajada siniestra.
— Venga Tom —le increpó ______, cogiéndolo del brazo antes de que las cosas se pusieran peor—. Vámonos.
Paul la miró con aquella risita burlona y entonces la reconoció.
— Vaya, vaya, vaya. ______ Alexander. Hace mucho que no nos vemos. —Le dio una palmada en la espalda al tipo moreno que estaba a su lado—. Oye, Pete, ¿te acuerdas de ______, la de la facultad? Sus braguitas blancas me hicieron ganar nuestra apuesta.
Tom se quedó paralizado ante sus palabras.
______ sentía que el viejo dolor volvía, pero se negó a demostrarlo. Jamás le daría ese gusto a Paul de nuevo.
— No me extraña que fuera detrás de Amber —siguió Paul—. Probablemente quería probar a una mujer que no estuviese todo el rato llorando mientras se la tira. 
Tom giró hacia Paul con tal rapidez que ______ apenas si fue capaz de percibir el movimiento. Paul se movió un poco pero Tom se agachó y le lanzó un puñetazo a las costillas que lo envió hasta la multitud, que se agolpaba unos metros detrás de ellos. Con una maldición, se arrojó a plena carrera hacia Tom. Él se ladeó un poco, le puso la zancadilla y lo empujó haciéndolo volar por los aires. 
Paul aterrizó sobre la espalda.
Antes de que pudiera moverse, Tom colocó el pie sobre su garganta y le sonrió con tal frialdad que ______ comenzó a temblar de la cabeza a los pies. 
Paul agarró el pie de Tom con las dos manos e intentó apartarlo. Comenzó a agitarse por el esfuerzo, pero Tom no se apartó. 
— ¿Sabías…—le preguntó Tom con un tono de voz tan pragmático que era realmente atemorizante—…que sólo son necesarios poco más de dos kilos para aplastarte el esófago por completo?
Los ojos y los brazos de Paul comenzaron a hincharse cuando Tom ejerció más presión sobre su cuello. 
— Tío, por favor —suplicó Paul mientras intentaba quitarse el pie de Tom de encima—. Por favor, no me hagas daño, ¿vale?
______ contuvo el aliento, aterrada, al ver que Tom le pisaba aún con más fuerza.
Pete se acercó a ellos.
— Hazlo —le advirtió Tom— y te saco el corazón para que tu amigo se lo coma. 
______ se quedó helada al ver la mirada de los ojos de Tom. Éste no era el hombre tierno que le hacía el amor por las noches. Éste era el rostro del general que una vez había mandado al infierno a los romanos más valientes. 
No dudaba ni por un solo instante que Tom podía llevar a cabo la amenaza. Y por lo rápido que la sangre abandonó el rostro de Pete, ______ supo que el hombre también lo creyó. 
— Por favor —volvió a implorar Paul, comenzando a llorar—. Por favor, no me hagas daño.
______ tragó saliva mientras esas palabras la asaltaban; las mismas que ella pronunció llorando en la cama de Paul. 
Fue entonces cuando Tom la miró a los ojos. Ella vio la furia y el deseo de acabar con Paul. Por ella.
— Déjalo, Tom —le dijo en voz baja—. No merece la pena. A tu lado no vale nada.
Tom miró a Paul con los ojos entrecerrados.
— Los cobardes inútiles como tú son descuartizados como entrenamiento allí de donde vengo. 
Cuando ______ pensaba que iba a matarlo, Tom apartó el pie.
— Levántate.
Frotándose el cuello, Paul se puso en pie lentamente.
La mirada gélida y letal de Tom hizo que Paul se encogiera.
— Le debes una disculpa a mi mujer.
Paul se limpió la nariz con el dorso de la mano.
— Lo siento.
— Dilo como si lo sintieras de verdad —lo amenazó Tom en voz baja.
— Lo siento, ______. De verdad. Lo siento muchísimo.
Antes de que ella pudiese responder, Tom pasó un brazo por sus brazos en un gesto posesivo y salieron a paso tranquilo del local.
Ninguno de ellos habló hasta que llegaron al coche. ______ notaba que algo iba muy mal con Tom. Estaba totalmente tenso, como la cuerda de un arco.
— Ojalá me hubieses dejado matarlo —le dijo Tom, mientras ella buscaba las llaves del coche en el bolsillo de los vaqueros.
— Tom…
— No tienes ni idea de lo que me cuesta dejarlo marchar. No soy el tipo de hombre que suele dejar de lado una situación como ésta —confesó mientras golpeaba con fuerza el techo del coche con la palma de la mano para después girarse rápidamente y lanzar un gruñido—. ¡Maldita sea, ______! hubo una época en la que me alimentaba de las entrañas de tipos como ése. Y he pasado de eso a…
Tom dudó un instante cuando dos mil años de recuerdos reprimidos afluyeron a su mente. Volvió a verse como el respetado líder que fue. El héroe de Macedonia. El hombre que una vez consiguió que legiones completas de romanos se rindieran ante la simple aparición de su estandarte. 
Y después vio en lo que se había convertido. En una cáscara vacía. En una codiciada mascota, sometida a la voluntad de aquélla que lo invocara.
Durante dos mil años había vivido sin emociones y sin pronunciar más que un puñado de palabras.
Había encontrado el punto exacto que le permitía sobrevivir. Y se había dejado arrastrar.
Hasta que ______ llegó y descubrió su faceta humana…
Ella observó la miríada de emociones que cruzaron por el rostro de Tom. Ira, confusión, horror y, finalmente, una terrible agonía. Se acercó hasta el otro lado del coche, donde él estaba, pero no dejó que lo tocara.
— ¿Es que no lo ves? —le preguntó con un tono brusco a causa de las intensas emociones—. Ya no sé quién soy. En Macedonia sabía quién era; después me convertí en esto —dijo, mientras alzaba el brazo para que ______ pudiera ver las palabras que Príapo grabó a fuego—. Y tú lo has cambiado todo —acabó, mirándola fijamente.
La angustia que reflejaban sus ojos desgarraba a ______.
 

jueves, 1 de mayo de 2014

Capitulos del maratom

CAPITULO # 91
______ sintió la presencia de Tom. Se giró y lo vio de pie junto a la bañera, completamente desnudo.
______ dejó que su mirada se recreara con avidez en cada centímetro de aquel cuerpo bronceado, pero fue su sonrisa, cálida y fascinante, la que le robó el corazón y la dejó sin aliento. 
Sin decir una sola palabra, él se metió en la ducha.
— ¿Sabes? —comentó con una naturalidad que la dejó pasmada—. Esta mañana encontré algo interesante.
Ella observó cómo el agua resbalaba sobre él, mojándole el pelo hasta convertirlo en una masa de mechones húmedos que caían sobre su rostro. 
— ¿Sí? —contestó ella, resistiéndose al impulso de alzar el brazo y coger uno de sus mechones. O mejor aún, mordisquearlo. 
— Mmm —murmuró Tom, deslizando la mano por el cordón de la ducha hasta sacarla de su soporte en la pared. Giró hasta encontrar la posición de un ligero masaje—. Date la vuelta.
______ dudó antes de obedecerle.
Tom deslizó su mirada por su espalda desnuda y húmeda. Jamás había visto una mujer más tentadora en todos los días de su vida.
Era todo lo que había soñado, pero que no podía ni siquiera anhelar. No se atrevía. Era un sueño lejano. 
Bajó los ojos hasta sus voluptuosas curvas. Tenía las piernas ligeramente abiertas. Una imagen de él separándoselas y sumergiéndose en ella se abrió paso en su mente. 
Esforzándose por mantener la respiración, acercó el cabezal de la ducha hasta los hombros de ______. 
— Eso es estupendo —murmuró ella.
Tom no podía hablar. Mantenía la mandíbula fuertemente apretada para controlar las voraces exigencias de su cuerpo. Su necesidad de tocarla era tan honda que hacía que el hambre y la sed que padecía mientras permanecía en el libro fuesen una broma. 
______ se dio la vuelta para mirarlo; su rostro resplandecía. Alargó el brazo para coger la manopla que se encontraba en la repisa, detrás de Tom. Él no se movió mientras lo lavaba, pasando las manos por su pecho y su abdomen, avivando la hoguera del deseo que sentía por ella.

CAPITULO # 92

Contuvo la respiración, anticipando el momento en que su mano bajara más y más. 
______ se mordió el labio al tocar los duros abdominales. Miró hacia arriba y vio que Tom la observaba. Tenía los ojos medio cerrados y parecía estar saboreando cada caricia que sus manos dejaban sobre su cuerpo. 
Deseando complacerlo, pasó la manopla sobre los rizos oscuros de su entrepierna. Tom jadeó cuando lo tomó entre sus manos con suavidad. Ella sonrió al sentir el repentino estremecimiento que agitó su cuerpo. 
La expresión de sumo placer que se veía en su rostro hizo que ______ se sintiera encandilada. Con el corazón acelerado, deslizó la mano hacia arriba, para poder acariciar su miembro hinchado. 
Escuchó cómo la ducha golpeaba la bañera un segundo antes de que él la envolviera entre sus brazos y enterrara los labios en su cuello. 
______ tembló ante la sensación de sus cuerpos húmedos, desnudos y entrelazados. El amor que sentía por él fluyó por sus venas, rogando que sucediese un milagro que les permitiera pasar la vida juntos.
En ese instante, deseó poder sentirlo en su interior. Sentir cómo el tomaba posesión de su cuerpo de la misma forma que se había apoderado de su corazón.
Mientras la torturaba con los labios deliciosamente, enterró un muslo entre sus piernas y la sensación del vello sobre su carne hizo que el sentido común de ______ acabara por derretirse. 
Enfebrecida, ______ se restregó contra su muslo y se deleitó al moverse contra los duros músculos que se contraían bajo sus piernas mientras seguía lamiendo su cuello. Cuánto amaba a este hombre. Cómo deseaba escucharle decir que significaba para él tanto como él para ella. 
Tom pasó las manos a lo largo de la espalda de ______ y luego las movió hacia el frente. 
Su mirada la abrasaba mientras la ayudaba a sentarse en la bañera.
— ¿Qué estás h…? —su pregunta acabó con un jadeo al sentir la lengua de Tom en la oreja.

CAPITULO # 93

______ percibió la tensión en los músculos de su brazo de él cuando cogió el cabezal de la ducha y volvió a atormentar su cuerpo con su pulsante calor. Lo movió lentamente, trazando círculos sensuales sobre sus pechos y su vientre. Enardecida por la estimulación del agua y el cuerpo de Tom, ______ luchaba por respirar. 
Tom temblaba por la necesidad. Quería complacer a ______ como jamás había querido hacerlo con nadie. Deseaba verla retorcerse bajo él. Escucharla gritar cuando llegara al clímax.
Tom le separó los muslos con el codo y dejó que el agua de la ducha cayera directamente entre sus piernas.
______ emitió un entrecortado gemido al ser asaltada por una indescriptible oleada de placer.
— ¿Tom? —jadeó, mientras su cuerpo se estremecía. Los dedos de Tom la penetraron y comenzaron a moverse en su interior a la vez que los chorros de agua intensificaban sus caricias.
Jamás, jamás había experimentado algo parecido. Tom giraba la muñeca haciendo que el agua cayera sobre ella en pequeños movimientos circulares, hasta que ya no pudo más. 
Cuando alcanzó el orgasmo un segundo después, gritó aliviada.
Tom sonrió y mantuvo su cuerpo completamente inmóvil para no poseerla. Aún no había acabado con ella. Jamás podría acabar con ella.
Con las manos, la lengua y el cabezal de la ducha hizo que ______ disfrutara de cinco orgasmos más.
— Por favor —le rogó ella tras el último—. Ten compasión. No puedo más.
Decidiendo que ya habían tenido los dos suficiente tortura, Tom se giró y cortó el agua.
______ era incapaz de moverse. Cualquier sensación, por pequeña que fuera, la hacía estremecerse. Observó cómo Tom se ponía de pie entre sus piernas y la miraba con una leve sonrisa. 
— Acabas de matarme —balbució—. Ahora tienes que enterrar el cadáver.
Él se rió ante la ocurrencia. Salió de la bañera, alargó los brazos y la alzó.
______ se quedó embelesada al sentir su piel desnuda mientras la llevaba hasta la cama y la secaba con la toalla.
Muy lentamente y con mucho cuidado, utilizó el albornoz de un modo que ______ juraría que a nadie se le había ocurrido antes. Lo pasó sensualmente por sus hombros, sus brazos y sus pechos, y después descendió hasta el estómago trazando sensuales espirales.
— Abre tus piernas para mí, ______.
Sin fuerza de voluntad alguna, ella obedeció.

CAPITULO # 94 (FIN DEL MARATOM)


______ gimió al sentir la felpa sobre la trémula carne de su sexo. Súbitamente el albornoz fue reemplazado por los dedos de Tom.
— Tom, por favor. No creo que pueda soportarlo de nuevo.
Él no le hizo caso. Ni siquiera su propio cuerpo tuvo en cuenta su opinión. Y para su sorpresa, un nuevo orgasmo la asaltó.
Tom se inclinó y le susurró al oído:
— Podríamos seguir así toda la noche.
Ella lo miró a los ojos y entonces se dio cuenta del alcance de la maldición: su miembro estaba aún completamente erecto y tenía la frente cubierta de sudor.
¿Cómo podía soportar verla correrse una y otra vez sabiendo que él no podría hacerlo?
Pensando tan sólo en el amor que sentía por él, se incorporó hasta quedar sentada y lo besó.
Tom se echó atrás con un movimiento violento. Cayó al suelo agitándose como si le golpeasen.
Aterrorizada por lo que había hecho, ______ bajó de la cama.
— Lo siento —dijo al llegar junto a él—. Lo olvidé.
Tom se giró en ese instante para mirarla. Tenía los ojos de aquel espantoso color oscuro.
Temblaba como si estuviese luchando por alejarse de la locura. Fue el miedo en el rostro de ______ lo que finalmente lo ayudó a calmarse.
Se alejó de ella como si fuera venenosa.
______ lo observó mientras utilizaba los peldaños de su cama como apoyo para ponerse en pie.
— Cada vez es peor —dijo con voz ahogada.
______ no podía hablar. No podía soportar verlo sufrir de aquella manera. Y se odiaba a sí misma por haberlo llevado hasta el borde del abismo.
Sin mirarla siquiera, Tom recogió su ropa y salió de la habitación.
Pasaron varios segundos antes de que ______ pudiese moverse. Cuando finalmente consiguió ponerse de pie, abrió la cómoda para sacar algo de ropa y sus ojos se quedaron clavados sobre la caja que contenía los grilletes.
¿Cuántos días más tendrían antes de que lo perdiera para siempre?



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