lunes, 9 de diciembre de 2013

Capitulos de Maratom

CAPITULO 2

Unas horas más tarde, ______ suspiró al abrir la puerta de su dúplex y poner el pie en el suelo encerado del vestíbulo. Dejó el montón de cartas que llevaba en la mano sobre la antigua mesa de alas abatibles, que decoraba el rincón adyacente a la escalera, y cerró la puerta tras ella, echando el pestillo. Las llaves fueron a parar al lado de la correspondencia.
Mientras se quitaba a tirones los zapatos negros de tacón, el silencio le golpeó los oídos y se le formó un nudo en la garganta. Todas las noches la misma rutina tranquila: entrar a un hogar vacío, clasificar el correo, leer un libro, llamar a Selena, comprobar el contestador e irse a la cama.
Selena tenía razón, la vida de ______ era una aburrida y escueta investigación sobre la monotonía.
A los veintinueve años, ______ estaba muy cansada de su vida.
¡Demonios!, incluso Jamie —el incansable buscador de tesoros nasales— comenzaba a parecer atractivo.
Bueno, quizás Jamie no. Y menos su nariz, pero seguro que había alguien ahí afuera, en algún lugar, que no era un cretino.
¿O no?
Mientras subía las escaleras, decidió que vivir de forma independiente no era tan espantoso. Al menos, tenía mucho tiempo para dedicar a sus entretenimientos favoritos.
O también podría buscar nuevos pasatiempos, pensaba mientras caminaba por el pasillo que llevaba a su dormitorio. Algún día, encontraría un entretenimiento divertido.
Cruzó la habitación y dejó caer los zapatos junto a la cama. No tardó nada en cambiarse de ropa.
Acababa de recogerse el pelo en una coleta cuando sonó el timbre.
Bajó de nuevo las escaleras para dejar pasar a Selena.
Tan pronto como abrió la puerta, su amiga le soltó enojada:
— No irás a ponerte eso esta noche, ¿verdad?
______ echó un vistazo a los vaqueros llenos de agujeros y después se fijó en su enorme camiseta de manga corta.
— ¿Desde cuándo te preocupa mi aspecto? —Y entonces lo vio; en la enorme cesta de mimbre que Selena utilizaba para llevar las compras—. ¡Uf! No. Ese libro otra vez, no.
Con una expresión ligeramente irritada, Selena le contestó:
— ¿Sabes cuál es tu problema, ______?
______ miró al techo, rogando a los cielos un poco de ayuda. Desafortunadamente, no la escucharon.
— ¿Cuál? ¿Que no me trastorna la luz de la luna y que no arrojo mi gordo y pecoso cuerpo sobre cualquier hombre que conozco?
— Que no tienes ni idea de lo encantadora que eres en realidad.
Mientras ______ se quedaba allí plantada, muda de asombro ante el poco frecuente comentario, Selena llevó el libro a la salita de estar y lo colocó sobre la mesita de café. Sacó el vino de la cesta y se dirigió a la cocina.
______ no se molestó en seguirla. Había encargado una pizza antes de salir del trabajo, y sabía que Selena estaría buscando unas copas.
Empujada por un resorte invisible, ______ se acercó a la mesita donde estaba el libro.
Espontáneamente, extendió la mano y tocó la suave cubierta de cuero. Podría jurar que había sentido una caricia en la mejilla.
Qué ridiculez.
No crees en esta basura.
______ pasó la mano por el cuero y notó que no había título, ni ninguna otra inscripción. Abrió la tapa.
Era el libro más extraño que había visto en su vida. Las páginas parecían haber formado parte, originariamente, de un rollo de pergamino, que más tarde había sido transformado en un libro
El amarillento papel se arrugó bajos sus dedos al pasar la primera página; en ella había un elaborado un símbolo hecho a mano, formado por la intersección de tres triángulos y la atrayente imagen de tres mujeres unidas por varias espadas.
______ frunció el ceño esforzándose por recordar si aquello podía ser una especie de antiguo símbolo griego.
Aún más intrigada que antes, pasó unas cuantas páginas y descubrió que estaba completamente en blanco, excepto aquellas tres hojas…
Qué extraño…
Debía de haber sido algún tipo de cuaderno de bocetos de un pintor, o de un escultor, decidió. Eso sería lo único que explicase que las páginas estuviesen en blanco. Algo tuvo que suceder antes de que el artista tuviera oportunidad de añadir algo más al libro.
Pero eso no acababa de explicar por qué las páginas parecían mucho más antiguas que la encuadernación…
Retrocedió hasta llegar al dibujo del hombre, y observó con atención la inscripción que había sobre él, pero no pudo sacar nada en claro. Al contrario que Selena, ella evitó las clases de lenguas antiguas en la facultad como si fueran veneno; y si no hubiese sido por su amiga, jamás habría superado aquella parte fundamental en su currículum.
— Definitivamente, creo que es griego —dijo sin aliento cuando volvió a mirar al hombre.
Era sorprendente. Absolutamente perfecto e incitante.
Increíblemente fascinante.
Cautivada por completo, se preguntó cuánto tiempo se tardaría en hacer un dibujo tan perfecto. Alguien debía haber pasado años dedicado a la tarea; porque aquel tipo parecía estar preparado para saltar del libro y meterse en su casa.
Selena se detuvo en la entrada y observó cómo ______ miraba fijamente a Tom. Nunca la había visto tan extasiada desde que la conocía.
Bien.
Quizás Tom pudiese ayudarla.
Cuatro años eran demasiado tiempo.
Pero Paul había sido un cerdo narcisista y desconsiderado. Se había comportado de un modo tan cruel con ______ y con sus sentimientos, que incluso la había hecho llorar la noche que perdió la virginidad.
Y ninguna mujer merecía llorar. No cuando estaba con alguien que había prometido cuidar de ella.
Tom sería definitivamente bueno para ______. Un mes con él y olvidaría todo lo referente a Paul. Y, una vez que descubriera lo bien que sabía el sexo compartido y real, se liberaría de la crueldad de Paul para siempre.
Pero, primero, tenía que conseguir que su testaruda amiguita fuese un poco más obediente.
— ¿Has encargado la pizza? —le preguntó mientras le ofrecía una copa de vino.
______ la cogió con un gesto distraído. Por alguna razón, no podía apartar los ojos del dibujo.
— ¿______?
Parpadeó y se obligó a mirar hacia arriba.
— ¿Hum?
— Te pillé mirando —bromeó Selena.
______ se aclaró la garganta.
— ¡Oh, por favor!, no es más que un pequeño dibujo en blanco y negro.
— Cielo, en ese dibujo no hay nada pequeño.
— Selena, eres mala.
— Completamente cierto. ¿Más vino?
Y como si hubiesen estado esperando el momento preciso, sonó el timbre.
— Yo voy —dijo Selena, colocando el vino en la mesita del teléfono para dirigirse al recibidor.
Unos minutos después, volvió a la salita. Hasta ______ llegó el maravilloso aroma de la enorme pizza de pepperoni y sus pensamientos dejaron a un lado el libro. Y al hombre cuya imagen parecía haberse grabado en su subconsciente.
Pero no resultó fácil.
De hecho, cada minuto que pasaba parecía más difícil.
¿Qué demonios le pasaba? Era la Reina de Hielo. Ni siquiera Brad Pitt o Brendan Fraser despertaban sus deseos. Y a ellos los veía en color.
¿Qué había de extraño en aquel dibujo?
¿En él?
Mordisqueó la pizza y se cambió de asiento. Se acomodó en un sillón en la otra punta de la sala, a modo desafío personal. Sí. Demostraría a Selena y al libro que ella dominaba la situación.
Después de cuatro porciones de pizza, dos pastelitos de chocolate, cuatro copas de vino y una película, se reían a más no poder tumbadas en el suelo sobre los cojines del sofá mientras veían Dieciséis velas.
— «Dices que es tu cumpleaños» —comenzó Selena a cantar, y acto seguido golpeó el suelo como si de unos bongos se tratara— «También es el mío».
______ le golpeó la cabeza con un cojín y le dio la risa tonta al comprobar los efectos del vino.
— ¿______? —dijo Selena burlona—. ¿Estás achispada?
______ volvió a reírse.
— Más bien, agradablemente contenta. Maravillosamente contenta.
Selena se rió de ella y le deshizo la coleta.
— Entonces, ¿estás dispuesta a hacer un pequeño experimento?
— ¡No! —gritó ______ con énfasis, sujetándose los mechones de pelo tras las orejas—. No quiero utilizar la Ouija, ni hacer lo del péndulo y te juro que si veo una sola carta del Tarot o una runa, te vomitaré encima los pastelitos.
Mordiéndose el labio, Selena cogió el libro y lo abrió.

CAPITULO 2 (PARTE 1)

Las doce menos cinco.
Sostuvo el dibujo para que ______ lo observara y señaló aquel increíble cuerpo.
— ¿Qué opinas de él?
______ lo miró y sonrió.
— Está para relamerse, ¿verdad?
Bueno, definitivamente la cosa iba progresando. No conseguía recordar la última vez que ______ le había dedicado un cumplido a un hombre. Movió juguetonamente el libro frente al rostro de su amiga.
— Venga, _____. Admítelo. Deseas a este bombón.
— Si te digo que no le dejaría salir de mi cama ni a cambio de unas galletas saladas, ¿me dejarías en paz?
— Puede. ¿A qué más renunciarías por mantenerlo en tu cama?
______ puso los ojos en blanco y apoyó la cabeza sobre un cojín.
— ¿A comer sesos de mono a la plancha?
— Ahora soy yo la que va a vomitar.
— No estás prestando atención a la película.
— Lo haré si pronuncias este hechizo tan cortito.
______ alzó las manos y suspiró. Sabía que no merecía la pena discutir con Selena… tenía aquella expresión. No se detendría hasta salirse con la suya, ni aunque cayese un meteorito sobre ellas en ese mismo momento.
Además, ¿qué había de malo? Ya hacía mucho tiempo que sabía que ninguno de los estúpidos rituales y encantamientos de Selena funcionaban.
— Vale, si así te sientes mejor, lo haré.
— ¡Sí! —gritó Selena y la agarró de un brazo para ponerla en pie—. Necesitamos salir al porche.
— Muy bien, pero no voy a cortarle el cuello a un pollo, ni voy a beber nada asqueroso.
Con la sensación de ser una niña a la que habían dejado dormir en casa de una amiga, y que acababa de perder en el juego de Verdad-Atrevimiento, dejó que Selena la precediera a través de la puerta corredera de cristal que daba al porche. El aire húmedo llenó sus pulmones, escuchó a los grillos cantar y descubrió miles de estrellas brillando sobre su cabeza. ______ supuso que era una noche perfecta para invocar a un esclavo sexual.
Se rió por lo bajo.
— ¿Qué quieres que haga? —le preguntó a Selena—. ¿Pedir un deseo a un planeta?
Selena negó con la cabeza y la colocó en mitad de un rayo de luna que se colaba entre los árboles y el alero del tejado. Le ofreció el libro.
— Apóyalo en el pecho y abrázalo con fuerza.
— ¡Oh, nene! —dijo ______ con fingido deseo mientras envolvía amorosamente el libro con sus brazos y lo acercaba a su pecho, como si de un amante se tratara—. Me pones tan cachonda… No puedo esperar a hundir mis dientes en ese maravilloso cuerpo que tienes.
Selena se rió.
— Para. ¡Esto es serio!
— ¿Serio? Por favor. Estoy aquí fuera en mitad del porche, el día de mi trigésimo cumpleaños, descalza, con unos vaqueros a los que mi madre les prendería fuego y abrazando un estúpido libro para invocar a un esclavo sexual griego que está en el más allá —miró a Selena—. Sólo conozco una manera de hacer que esto sea aún más ridículo…
Sosteniendo el libro con una sola mano, extendió los brazos a ambos lados, echó la cabeza hacia atrás y comenzó a rogar al oscuro cielo:
— ¡Oh! Fabuloso esclavo sexual, llévame contigo y hazme todas las cosas escandalosas que sepas. Te ordeno que te levantes —dijo, alzando las cejas.
Selena resopló.
— Así no es como debes hacerlo. Tienes que decir su nombre tres veces.
______ se enderezó.
— Esclavo sexual, esclavo sexual, esclavo sexual.
Con los brazos en jarras, Selena le lanzó una furiosa mirada.
— Tom de Macedonia.
— ¡Oh! Lo siento —dijo ______ volviendo a apretar el libro sobre el pecho, y cerrando los ojos—. Ven y alivia el dolor que siento en mis partes bajas, ¡Oh! Gran Tom de Macedonia, Tom de Macedonia, Tom de Macedonia —se giró para mirar a Selena—. ¿Sabes? Esto es un poco difícil de pronunciar tres veces seguidas, y tan rápido.
Pero su amiga no le prestaba la más mínima atención. Estaba muy ocupada mirando por todos lados, esperando la aparición de un apuesto extraño.
______ acababa de poner otra vez los ojos en blanco, cuando un ligero soplo de viento cruzó el patio y un suave aroma a sándalo las envolvió. Volvió a inhalar para recrearse de nuevo en el agradable olor antes de que se evaporara, y entonces la brisa desapareció, dejando de nuevo el caluroso y húmedo bochorno, típico de una
noche de agosto.

CAPITULO 2 (PARTE 2)

De repente, se escuchó un débil sonido procedente del patio trasero, y las hojas de los arbustos se movieron.
Arqueando una ceja, ______ contempló como las plantas se mecían. Y entonces, el diablillo que había en ella cobró vida.
— ¡Oh, Dios mío! —farfulló y señaló a un arbusto del patio trasero—. ¡Selena, mira allí!
Selena se giró a toda prisa ante el nerviosismo de ______. Un enorme seto se mecía como si hubiese alguien detrás.
— ¿Tom? —le llamó Selena, y dio un paso hacia delante.
El arbusto se inclinó y, súbitamente, un siseo y un miau rompieron el silencio, un segundo antes de que dos gatos cruzaran el patio como una exhalación.
— Mira, Lanie. Es el señor Don Gato que viene a poner fin a mi celibato —sostuvo el libro con un brazo y se llevó el dorso de la mano a la frente, en un simulacro de desmayo—. ¡Oh, ayúdeme Señora de la Luna! ¿Qué voy a hacer con las atenciones de tan desacertado pretendiente? Ayúdeme rápido, antes de que me mate a causa de la alergia.
— Dame ese libro —le espetó Selena quitándoselo de un tirón. Regresó a la casa mientras pasaba las páginas—. ¡Joder!, ¿qué he hecho mal?
______ abrió la puerta para que Selena pasara al fresco interior de la sala.
— No hiciste nada mal, cielo. Esto es absurdo. ¿Cuántas veces tengo que decirte que hay un viejecillo sentado en la parte trasera de un almacén, escribiendo toda esta porquería? Apostaría a que ahora mismo está partiéndose de la risa por lo imbéciles que hemos sido.
— Quizás era necesario hacer algo más. Me juego lo que sea a que hay algo en los primeros párrafos que no puedo interpretar. Debe ser eso.
______ cerró la puerta de cristal y suplicó un poco más de paciencia.
Y me llama testaruda, ¡a mí!
El teléfono sonó en ese instante y, al contestarlo, ______ escuchó la voz de Bill preguntado por Selena.
— Es para ti —dijo alargándole el auricular.
Selena lo cogió.
— ¿Sí? —se mantuvo en silencio unos minutos. ______ podía escuchar la voz nerviosa de Bill. Por la repentina palidez del rostro de su amiga, dedujo que algo había pasado.
— Vale, vale. Llegaré enseguida. ¿Estás seguro de que te encuentras bien? Vale, te quiero. Voy de camino… no hagas nada hasta que yo llegue.
______ sintió un horrible nudo en el estómago. Una y otra vez, volvía a ver al policía en la puerta de su dormitorio, y a escuchar su desapasionada voz: Siento mucho informarle…
— ¿Qué pasa? —preguntó ______.
— Bill se ha caído jugando a baloncesto y se ha roto un brazo.
Dejó escapar el aliento más tranquila. Gracias Señor, no ha sido un accidente de coche.
— ¿Se encuentra bien?
— Dice que sí. Sus amigos le llevaron a un médico de guardia que le hizo una radiografía antes de que se marcharan. Me dijo que no me preocupara, pero creo que es mejor que vuelva a casa.
— ¿Quieres que te lleve en mi coche?
Selena negó con la cabeza.
— No, has tomado demasiado vino; yo he bebido menos. Además, estoy segura de que no es nada serio. Pero ya sabes lo aprensiva que soy. Quédate aquí y disfruta de lo que queda de película. Te llamaré mañana por la mañana.
— Vale. Avísame si es grave.
Selena cogió el bolso y sacó las llaves. Se detuvo a mitad de camino y le alargó el libro a ______.
— ¡Qué demonios! Quédatelo. Supongo que en los próximos días te ayudará a reírte a carcajadas cada vez que te acuerdes de lo idiota que soy.
— No eres idiota. Simplemente, un poco excéntrica.
— Eso es lo que decían de Mary Todd Lincoln . Hasta que la encerraron.
______ cogió el libro, riéndose a carcajadas, y observó como Selena caminaba hacia su coche.
— Ten cuidado —gritó desde la puerta—. Y gracias por el regalo, y por lo que esté por venir.
Selena le dijo adiós con la mano antes de subirse a su Jeep Cherokee de color rojo brillante y alejarse.
Con un suspiro de cansancio, ______ cerró la puerta, echó el pestillo y arrojó el libro al sofá.
— No te vayas a ningún lado, esclavo sexual.
______ se rió de su propia estupidez. ¿Acabaría alguna vez Selena con todas aquellas majaderías?
Apagó el televisor y llevó los platos sucios al fregadero. Mientras lavaba las copas, vio un repentino fogonazo.
Durante un segundo, pensó que se trataba de un relámpago.
Hasta que se dio cuenta de que había sido dentro de la casa.
— ¿Qué dem…?
Soltó la copa y fue hacia la salita de estar. Al principio no vio nada. Pero según se acercaba a la puerta, percibió una presencia extraña. Algo que le puso la piel de gallina.

Entró en la estancia con mucho cuidado y vio una figura alta, de pie delante del sofá. Era un hombre. Un hombre muy apuesto. ¡Un hombre desnudo!

viernes, 6 de diciembre de 2013

Capitulos de Maratom

CAPITULO 1

-Cielo, necesitas que te echen un buen polvo.

______ Alexander se estremecio al escuchar el grito de Selena en mitad del pequeño café de Nueva Orleans, donde se encontraban apurando los restos del amuerzo, consistente en judías rojas con arroz. Desafortunadamente para ella, la voz de su amiga poseía un encantador timbre agudo que podía hacerse oir incluso en mitad de un huracán. Y que en esta ocasión, fue seguido de un repentino silencio en el atestado local. Al echar un vistazo a las mesas cercanas, ______ percibio que los hombres dejaban de hablar, y se giraban para observarlas con mucho mas interés del que ella le gustaría. ¡Jesus! ¿Aprendera alguna vez Selena a hablar en voz baja? O peor aun, ¿Qué será lo próximo que haga, quitarse la ropa y bailar desnuda sobre las mesas? Otra vez. Por enésima vez desde que se conocieron, ______ deseaba que Selena pudierse sentirse avergonzada. Pero su vistosa, y a menudo extravagante, amiga no conocía el significado de dicha palabra. Se tapo la cara con las manos e hizo lo que pudo para ignorar a los curiosos mirones. Un deseo irrefrenable de deslizarse bajo la mesa, acompañado de una urgencia aun mayor de darle una buena patada a Selana, la consumían.

-¿Por qué no hablas un poquito mas alto? – murmuro – supongo que los hombres de canada no habran podido escucharte.

-Oh, no lo se – dijo el guapísimo camarero moreno al detenerse junto a su mesa – seguro se dirigen hacia aquí mientras hablamos.

Un calor abrasador tomo por asalto las mejillas de _______ ante tan diabólica sonrisa que le dedico el camarero, obviamente en edad de acudir a la universidad.

-¿Puedo ofrecerles algo mas señoras? – pregunto y despues miro directamente a ______ - o para ser mas exactos, ¿Hay algo que pueda hacer por usted, señora?

¿Qué tal una bolsa con la que taparme la cabeza y un garrote para golpear a Selena?

-Creo que ya hemos acabado – contesto _____ con las mejillas ardiendo. Definitivamente, mataria a selena por esto – solo necesitamos la cuenta.

-Muy bien, entonces – dijo sacando la nota y escribiendo algo en la parte superior del papel. La coloco justo delante de ______ - puede hacerme una llamadita si necesita cualquier cosa.

Una vez el camarero se marcho, _____ se dio cuenta de que había anotado su nombre y su teléfono en la parte superior del papel. Selena le echo un vistaso y solto una carcajada.

-Espera y veras – le dijo ______, reprimiendo una sonrisa mientras calculaba el importe de la mitad de la cuenta con su Palm Pilot – me las pagaras.

Selena ignoro la amenaza y se dedico a buscar el dinero en su bolso adornado con cuentas.

-Si, si. Eso lo dices ahora. Si yo estuviera en tu lugar, marcaria ese numero. Es monísimo el chico.

-Jovencisimo – corrigio _____ - y creo que voy a pasar. Lo ultimo que necesito es que me encierren por corrupción de menores.

Selena paseo la mirada por el preciso lugar donde el camarero esperaba, con una cadera apoyada en la barra.

-Si pero don igualito a Taylor Lautner, que esta ahí enfrente, bien lo merece. Me pregunto si tendrá algun hermano mayor …

-Y yo me pregunto cuanto estaría dispuesto a pagar Bill por saber que su mujer se ha pasado todo el almuerzo comiéndose con los ojos al chaval.

Selena resoplo mientras dejaba el dinero sobre la mesa.

-No me lo estoy comiendo. Lo estoy evaluando para ti. Despues de todo, era de tu vida sexual de la que hablábamos.

-Bueno, mi vida sexual es sensacional y no le interesa a la gente que nos rodea – y tras soltar el dinero en la mesa, cogio el ultimo trozo de queso y se encamino a la puerta.

-No te enfades – le dijo Selena mientras salía tras ella a la calle, atestada de turistas y de los clientes habituales de los establecimientos de Jackson Square.

Las notas del Jazz de un solitario saxofón se escuchaban por encima de la cacofonía de voces, caballos y motores de automóviles, una oleada de calor típico de Louisiana las recibió al salir a la calle. Intentando no hacer caso al aire, tan espeso que dificultaba la respiración, ______ se abrió camino entre la multitud y los tenderetes ambulantes, dispuestos a lo largo de la valla de hierro que rodeaba Jackson Square.

-Sabes que es cierto – le dijo Selena una vez la alcanzo – quiero decir ¡Dios mio, _____! ¿Cuánto hace? ¿Dos años?

-Cuatro – contesto ella con aire ausente - ¿Pero a quien le interesa llevar la cuenta?

-¿Cuatro años sin tener relaciones sexuales? – repitió Selena incrédula.

Varios mirones se detuvieron, curiosos, para observar alternativamente a Selena y a ______.Ajena – como era habitual en ella – a la atención que despertaban, Selena continuo sin detenerse.

-No me digas que tu haz olvidado que estamos en plena Era de la Electronica. O sea, vamos a ver, ¿Alguno de tus pacientes sabe que llevas tanto tiempo sin tener relaciones?.

______ acabo de tragarse el trozo de queso y le dedico a su amiga una desagradable y furiosa mirada. ¿Es que la intención de Selena era la de gritar a todo pulmón, en plena Vieux Carre, sus asuntos personales a todo humano y caballo que pasara por la zona?.

-Baja la voz – le dijo, y añadio con sequedad – no creo que sea de la incumbencia de mis pacientes si soy o no la reencarnacion de la virgen. Y con respecto a la Era de la Electronica, no quiero tener una relación con algo que viene acompañado de una etiqueta con advertencias y unas pilas.

Selena solto un bufido.

-Si, vale, oyéndote hablar se diría que la mayoría de los hombres deberían venir acompañados de una etiqueta con estas advertencias: - alzo las manos para enmarcar la siguiente afirmación – Atencion, porfavor, alerta Psiquica. Yo, macho-man, soy propenso a sufrir horribles cambios de humor, y a poner caras largas, y poseo la habilidad de decir la verdad a una mujer sobre su peso- sin previo aviso _____ solto una carcajada, había estado de carretilla, en innumerables ocasiones, ese discursito sobre las etiquetas que deberían llevar los hombres.

-Ah, ya lo entiendo. La doctora Amor – le dijo Selena imitando la voz de la doctora Ruth – usted se limita a sentarse y escuchar como sus pacientes le largan todos los detalles intimos de sus encuentros sexuales, mientras usted vive con un miembro vitalicio del “Club de las bragas de Teflon” – bajando la voz, Selena añadió – no puedo creer que despues de todo lo que haz escuchado en tus sesiones, nada haya conseguido revolucionar tus hormonas.

______ le lanzo una mirada divertida.

-Bueno, a ver, soy una sexóloga. No me beneficiaria mucho que mis pacientes se dedicaran a hacerme experimentar la petit mort mientras echan fuera sus problemas. En serio, perdería el titulo.

CAPITULO 1 (PARTE 2)

-Pues no entiendo como puedes aconsejarles, cuando ni siquiera te acercas a un hombre.

Haciendo una mueca, _____ comenzó a caminar hacia el lado opuesto de la plaza. Justo enfrente de la oficina de la información turística, donde Selena había instalado su puestecillo para echar las cartas y leer las líneas de las manos. Cuando llego al tenderete – una mesa cubierta con una manta de color morado intenso – suspiro.

-Sabes que no me importaría quedarme con un hombre que se mereciera que me depilara las piernas. Pero la mayoría resulta ser una perdida de tiempo tan evidente que prefiero sentarme en el sofá y ver las reposiciones de Hee Haw.

Selena le dedico una expresión irritada.

-¿Qué tenia de malo Gerry?

-Mal aliento.

-¿Y Jaime?

-Le encantaba jugarse la nariz, especialmente durante la cena.

______ miro a Selena y esta alzo las manos.

-Vale quizás tuviera un pequeño problema con lo de las apuestas. Pero es que todos necesitamos distraernos con algo.

_____ la miro furiosa.

-Eh, Madam Selena ¿Ya haz regresado de almorzar? – le pregunto Susana desde el puestecillo situado justo al lado del suyo, en el que vendia objetos de loza y dibujos, hechos por ella.

Unos años mas joven que ellas, Susana tenia una larga melena negra y siempre llevaba ropas que a ______ le hacían pensar que estaba delante de un nada. Su vestimenta de hoy consistía en una liviana falda blanca, que hubiese resultado obscena de no ser por los leotardos rosados que llevaba debajo, y una preciosa camisa de estilo medieval.

-Si, ya he vuelto – le contesto Selena mientras se arrodillaba para abrir la tapa del carrito de la compra que todas las mañanas aseguraba a la verja de hierro con una de esas cadenas que se usan para las bicicletas - ¿Algo interesante durante mi ausencia?

-Un par de chicos tomaron una de tus tarjetas y dijeron que regresarían despues de comer.

-Gracias – dijo Selena guardando el monedero en el carro, saco la caja de puros azul donde guardaba el dinero y las cartas de tarot – siempre envueltas en un pañuelo de seda negra –y un delgado pero gigantesco libro con tapas de cuero marron que _____ nunca había visto. Selena se coloco su enorme pamela de paja, se dio la vuelta y se puso de pie.

-¿Tus artículos tienen los precios marcados? – pregunto Susana.

-Si – le contesto esta mientras cogia su monedero – sigo diciendo que trae mala suerte, pero al menos, si alguien quiere saber lo que valen cuando no estoy, puede averiguarlo.

Una motocicleta de aspecto desastroso freno a cierta distancia.

-¡Eh Susana! – grito el conducto – mueve el culo. Tengo hambre.

La chica le saludo sin hacer caso a la orden.

-No me agobies o comeras tu solo – le contesto mientras caminaba sin prisas hacia el, y se subia a la parte trasera de la moto.

_____ movio la cabeza mientras les observaba. Susana necesita que alguien le aconsejara sobre sus citas, muchos mas que ella. Les siguió con la mirada mientras pasaban delante del café du Monde.

-Oh! Un beignet seria un estupendo postre.

-La comida no puede sustituir al sexo – le dijo Selena mientras colocaba las cartas y el libro sobre la mesa - ¿No es eso lo que siempre dices …?

-De acuerdo, le punto es tuyo. Pero, en serio, ¿A que viene este repentino interés en mi vida sexual? Mejor dicho, en mi falta de ella.

Selena cogio el libro.

-Tengo una idea.

El escalofrio que sintió ante las palabras de Selena le llego hasta los huesos y eso que el calor era agobiante. Y ella no se asustaba fácilmente. Bueno, a no ser que su amiga estuviera involucrada con una de sus ideas típicas de “mama gallina”.

-¿No sera otra sesión de espiritismo?

-No esto es mejor.

En su interior, _____ se encogio y comenzó a preguntarse que seria de su vida en esos momentos si hubiese tenido una compañera de habitacion normal en primer año en Tulane, en lugar de Selena “quiero ser una gitana traviesa”. De algo estaba segura: no estaría discutiendo de su vida sexual en medio de una calle llena de gente.

CAPITULO 1 (PARTE 3)

En ese momento, se fijo en lo diferentes que eran. Ella soportaba el húmedo calor con un ligero vestido sin mangas de seda color crema, de Ralph Lauren, llevaba el pelo oscuro recogido en un sofisticado moño. En contraste, Selena llevaba una larga y vaporosa falda negra con un ceñido top de tirantes morado que apenas le cubria sus generosos senos. El pelo castaño y rizado, que le llegaba a los hombros, estaba recogido con un pañuelo de seda negra, con motas semejantes a las de un leopardo. El atuendo se acompletaba con unos enorme aretes de plata, en forma de luna llena, que colgaban prácticamente hasta los hombros. Sin mencionar el yacimiento de plata que se había colgado en ambas muñecas, en forma de ciento cincuenta pulseras. Pulseras que tintineaban cada vez que se movia. La gente siempre había reparado sus diferencias físicas, pero ella sabia que Selena escondia una mente astuta y una gran inseguridad bajo su <<exótico>> atuendo. Por dentro, se parecían mucho mas de lo que cualquiera podía imaginar. Excepto en la extraña creencia que Selena hbia desarrollado por el ocultismo. Y en su insaciable apetito sexual. Acercándose a ella, Selena dejo el libro en las manos – poco dispuestas a cogerlo – de _____ y comenzó a pasar las hojas. Se las arreglo para no dejarlo caer. Y para no poner los ojos en blanco por la exasperación que la invadia.

-Encontre esto el otro dia, en esa vieja librería que hay junto al Museo de Cera. Estaba cubierto por una montaña de polvo; intentaba encontrar un libro sobre psicometría cuando de repente vi este, ¡Voila! – dijo señalando triunfalmente a la pagina.

_____ miro el dibujo y se quedo con la boca abierta. Jamas había visto algo parecido. El hombre del dibujo era fascinante, y la pintura estaba realizada con asombroso detalle. Si no fuese por las marcas dejadas en la pagina al haber sido impresa, se diría que se trataba de una fotografía actual de alguna antigua estatua griega. No, se corrigio asi misma: de un dios griego. Estaba claro que ningún mortal podía jamas tener esa pinta tan fantástica. Gloriosamente desnudo, el tipo exudaba poder, autoridad y una aplastante y salvaje sexualidad. Aunque su pose pareciera ser casual, daba la sensación de estar contemplando un depredador listo para ponerse en acción en cualquier momento. Las venas se le marcaban en aquel cuerpo perfecto, que prometia poseer una fuerza inigualable, diseñada específicamente para proporcionar placer a una mujer. Con la boca seca, _____ observo los musculos, que tenían las proporciones adecuadas para su altura y su peso. Contemplo la profunda hendedura que separaba los duros pectorales y bajo hasta el estomago – que suplicaba ser acariciado por una mano femenina. Y entonces llego al ombligo. Y despues a … bueno, no se les había ocurrido tapar aquello con una hoja de parra. ¿Y porque deberían haberlo hecho? ¿Quién, en su sano juicio, iba a querer ocultar unos atributos masculinos tan estupendos? Y siguiendo con aquella linea de pensamiento, ¿Quién necesitaría de un artilugio con pilas teniendo aquellos en su casa? Se humedecio los labios y volvió a la cara. Mientras contemplaba los afilados y apuestos contornos del rostro, y los labios – con una sonrisa diabólica apenas esbozada – le asalto la imagen de una ligera brisa agitando ese cabello aclarados por el sol, que se ensortijaban alrededor  alrededor del cuello, especialmente diseñado para cubrirlo de húmedos besos. Y de aquellos penetrantes ojos de color azul metálico, mientras alzaba una lanza sobre la cabeza, y gritaba.
El sofocante aire que le rodeaba se estremeció ligeramente de forma repentina, y le acarició las partes de su cuerpo expuestas a la brisa.
Casi podía escuchar el profundo timbre de la voz del tipo, y sentir cómo aquellos musculosos brazos la envolvían y la atraían hacia un pecho duro como una roca, mientras su cálido aliento le rozaba la oreja.
Percibía unas manos fuertes y expertas que vagaban por su cuerpo, y le proporcionaban un deleite exquisito, mientras buscaban sus más recónditos lugares.
Un escalofrío le recorrió la espalda y el cuerpo comenzó a palpitarle en zonas donde nunca había pensado que aquello pudiese ocurrir. Sentía un dolor fiero y exigente que jamás había experimentado.
Parpadeó y volvió a mirar a Selena, para ver si también ella se había visto afectada del mismo modo. Pero si así era, no daba señales de ello.
Debía estar alucinando. ¡Exacto! Las especias de las judías le habían llegado al cerebro y lo habían convertido en papilla.
— ¿Qué opinas de él? —le preguntó Selena, mirándola por fin a los ojos.
______ se encogió de hombros, en un esfuerzo por olvidar la hoguera que abrasaba su cuerpo. Pero sus ojos volvieron a demorarse en las perfectas formas del hombre.
— Se parece a un paciente que tuvo cita ayer.
Bueno, no era exactamente cierto… el chico que había estado en su consulta era medianamente atractivo, pero nada que ver con el hombre del dibujo.
¡Jamás había visto algo así en toda su vida!
— ¿De verdad? —los ojos de Selena adquirieron un matiz oscuro que pronosticaba el comienzo de su sermón sobre las oportunidades de conseguir una cita y la intervención del destino.
— Sí —dijo cortando a Selena antes de que pudiese comenzar a hablar—. Me dijo que era una lesbiana atrapada en el cuerpo de un hombre.
Selena abrió la boca, muda de asombro. Cogió el libro, quitándoselo a ______ de las manos, y lo cerró con fuerza mientras la miraba furiosa.
— Siempre conoces a las personas más extrañas.
______ alzó una ceja.
— Ni se te ocurra decirlo —dijo Selena mientras ocupaba su sitio habitual tras la mesa. Colocó el libro a su lado—. Te lo advierto; esto —dijo, dando dos golpecitos al libro— es lo que estás buscando.
______ miró fijamente a su amiga mientras pensaba en lo absolutamente convincente que parecía Madam Selene —autoproclamada Señora de la Luna—, sentada tras sus cartas de tarot, con aquella mesa morada, y el misterioso libro bajo las manos. En ese momento, casi podía creer que Selena era en realidad una esotérica gitana.
Si creyera en esas cosas.
— Vale —dijo ______ dándose por vencida—. Deja de hablar con rodeos y dime qué tienen que ver ese libro y ese dibujo con mi vida sexual.
El rostro de Selena adoptó una expresión bastante seria.
— El tipo que te he enseñado… Logan… es un esclavo sexual griego que está obligado a cumplir los deseos de aquélla que le invoque, y a adorarla.
______ se rió con ganas. Sabía que estaba siendo muy maleducada, pero no pudo evitarlo. ¿Cómo demonios iba creer Selena, una licenciada en historia antigua y en física, premiada con la beca Rhodes , y con un doctorado en filosofía, en algo tan ridículo, aun con todas sus excentricidades?
— No te rías. Lo digo en serio.
— Ya lo sé, eso es lo que me hace gracia —se aclaró la garganta y se serenó—. Vale, ¿qué tengo que hacer?, ¿quitarme la ropa y bailar desnuda en Pontchartrain a medianoche? —un leve intento de sonrisa curvó sus labios, sin importarle que los ojos de Selena se oscurecieran a modo de aviso—. Tienes razón, me encargaré de conseguir una buena sesión de sexo, pero no creo que sea con un espléndido esclavo sexual griego.
El libro se cayó de la mesa.
Selena dio un grito, se levantó de un salto y tiró la silla.
______ jadeó.
— Lo empujaste con el codo, ¿verdad?
Selena negó con la cabeza muy despacio; tenía los ojos abiertos como platos.
— Confiésalo, Lanie.
— No fui yo —dijo con una expresión mortalmente seria—. Creo que lo ofendiste.
Moviendo la cabeza ante aquella necedad, ______ sacó del bolso las gafas de sol y las llaves. Bien, estupendo, esto se parecía a la época de la facultad, cuando Lanie le habló de usar una Ouija, y lo amañó todo para que le dijese que se iba a casar con un dios griego cuando cumpliera los treinta años, y que iba a tener seis hijos con él.
Hasta el día de hoy, Selena se negaba a admitir que había sido ella la que dirigiera el puntero.
Y, en este preciso momento, hacía demasiado calor bajo el implacable sol de agosto como para discutir.

CAPITULO 1 (PARTE 4)

— Mira, necesito regresar al despacho. Tengo una cita a las dos en punto y no quiero coger un atasco —le dijo mientras se ponía las Ray-Ban—. ¿Vendrás entonces esta noche?
— No me lo perdería por nada del mundo. Llevaré el vino.
— Bien, te veo a las ocho. —E hizo una larga pausa para añadir:— Dile a Bill que hola y que gracias por dejarte visitarme por mi cumpleaños.
Selena la observó alejarse y sonrió.
— Espera a ver tu regalo —susurró, y recogió el libro del suelo. Pasó la mano por la suave tapa de cuero repujado, y quitó unas motas de polvo.
Volvió a abrirlo y observó de nuevo el maravilloso dibujo; aquellos ojos habían sido dibujados con tinta negra, y aun así, daban la impresión de ser de un profundo azul cobalto.
Por una sola vez su hechizo iba a funcionar. Estaba segura.
— Te gustará ______, Logan —murmuró dirigiéndose al hombre mientras recorría con los dedos su cuerpo perfecto—. Pero debo advertirte algo: acabaría con la paciencia de un santo. Y traspasar sus defensas va a resultar más duro que abrir una brecha en la muralla de Troya. No obstante, si alguien puede ayudarla, ése eres tú.
Sintió que el libro desprendía una súbita oleada de calor bajo su mano, y supo instintivamente que era la forma que Logan elegía para darle la razón.
______ pensaba que estaba loca a causa de sus creencias, pero siendo la séptima hija de una séptima hija, y con la sangre gitana que corría por sus venas, Selena sabía que había ciertas cosas en la vida que desafiaban cualquier explicación. Ciertas corrientes de energía misteriosa que pasaban desapercibidas, esperando que alguien las canalizara.
Y esa noche habría luna llena.
Devolvió el libro a la seguridad del carrito de la compra y lo cerró con llave. Estaba segura que había sido cosa del destino que el libro llegara hasta ella. Había sentido su llamada tan pronto como se acercó a la estantería donde yacía.
Puesto que llevaba dos años felizmente casada, supo que no estaba destinado a ella. La usaba para llegar donde lo necesitaban.
Hasta ______.
Su sonrisa se ensanchó. Cómo sería tener a este increíblemente apuesto esclavo sexual griego a tu disposición y disponer de él durante todo un mes…

Sí. Éste era, definitivamente, un regalo de cumpleaños que ______ recordaría durante el resto de su vida.

Hello!! aqui esta el caps ... espero y les guste ... Hasta pronto :)

martes, 3 de diciembre de 2013

Prologo



Una leyenda griega:
Poseedor de una fuerza suprema y de un valor sin parangon, fue bendecido por los dioses, amado por los mortales y deseado por todas las mujeres que posaban sus ojos  en el. No conocía la ley, y no acataba ninguna. Su habilidad en la batalla, y su intelecto superior rivalizaban a los de Aquiles, Ulises y Heracles. De el se escribió que ni siquiera el poderoso Ares en persona podía derrotarle en la lucha cuerpo a cuerpo. Y por si el don poderoso Dios de la guerra no hubiera sido suficiente, también se decía que la misma diosa Afrodita le beso la mejilla al nacer, y se aseguro de que su nombre fuese siempre guardado en la memoria de los hombres.
Bendecido por el divino toque de Afrodita, se convirtió en un hombre al que ninguna mujer podía negarle el uso de su cuerpo. Porque, llegados al sublime arte del amor … no tenia igual. Su resistencia iba mas alla de la de cualquier mero mortal. Sus ardientes y salvajes deseos no podían ser domados. Ni negados. De cabello y piel dorados, y con los ojos de un guerrero, de el se comentaba que su sola presencia era suficiente para satisfacer a las mujeres, y que con un solo roce de su mano les proporcionaba un indecible placer. Nadie podía resistirse a su encanto. E imposible provocar celos de otros, consiguió que le maldijeran. Una maldición que jamas podría romperse. Como la del pobre Tantalo, su condena fue eterna: nunca encontraría la satisfacción por mas que la buscase, anhelaría las caricias de aquella que le provocara, pero tendría que proporcionarle un placer exquisito y supremo. De luna a luna, yacería junto a una mujer y le haria el amor, hasta que fuese obligado a abandonar el mundo. Pero ha de ser precavida, porque una vez que se conocen sus caricias, quedan impresas en la memoria. Ningún otro hombre será capaz de dejar a esa mujer plenamente satisfecha. Porque ningún varon mortal puede ser comparado a un hombre de tal postura. De tal pasión. De una sensualidad tan atrevida.
Guárdate del maldito.
Tom de Macedonia.
Sostenlo sobre tu pecho y pronuncia su nombre tres veces a medianoche, bajo la luz de la luna llena. El vendrá a ti y hasta la siguiente luna, su cuerpo estara a tu disposición. Su único objetivo será complacerte, servirte, soborearte. Entre sus brazos aprenderás el significado de la palabra <<Paraiso>>.




Hola ... Aqi esta la nueva historia .... Espero que les guste, Bueno ojala y vea seguidores ... Adios :)