jueves, 17 de abril de 2014

Capitulos del maratom

CAPITULO # 67
— ¿Cómo se llamaba?
Tom tragó saliva. No había pronunciado los nombres de sus hijos desde el día de su muerte. No se había atrevido pero, no obstante, quería compartirlos con ______.
— Atolycus. Mi hija se llamaba Calista.
______ lo miró con una sonrisa triste, como si compartiera su dolor por la pérdida.
— Tenían unos nombres preciosos.
— Eran unos niños preciosos.
— Si se parecían en algo a ti, me lo creo.
Eso había sido lo más hermoso que nadie le había dicho jamás.
Tom le pasó la mano por el pelo, dejando que los mechones se escurrieran sobre su palma. Cerró los ojos y deseó poder quedarse así para siempre.
El miedo a tener que abandonarla lo estaba destrozando. Nunca le había gustado la idea de ser engullido por aquel desolado infierno que era el libro; pero ahora, al pensar que jamás volvería a verla, que jamás volvería a oler el dulce aroma de su piel, que sus manos jamás volverían a rozar el suave rubor de sus mejillas…
No podía soportarlo. Era demasiado.
¡Por los dioses!, y había creído hasta entonces que estaba maldito…
______ se alejó un poco, lo besó suavemente en los labios y cogió el libro. 
Tom tragó. Ella quería rescatarlo y, por primera vez durante todos aquellos siglos, quería ser rescatado. 
Se tendió en el suelo para que ______ pudiese apoyar la cabeza en él. Le encantaba sentirla así. Sentir su pelo extendiéndose sobre los brazos y el torso. 
Estuvieron tendidos en el suelo hasta las primeras horas de la madrugada; Tom la escuchaba mientras leía la Odisea y narraba las historias de Aquiles. 
Observaba cómo el cansancio iba haciendo mella en ella, pero continuaba leyendo. Finalmente, cerró los ojos y se quedó dormida. 
Tom sonrió y le quitó el libro de las manos para dejarlo a un lado. Le acarició la mejilla con la palma de la mano durante un instante.
No tenía sueño. No quería desaprovechar ni un solo segundo del tiempo que tenía para estar a su lado. Quería contemplarla, tocarla. Absorberla. Porque atesoraría esos recuerdos durante toda la eternidad. 
Nunca había pasado una noche así: tumbado tranquilamente en el suelo junto a una mujer, sin que ella montara su cuerpo y le exigiese que la tocara y la poseyera. 
En su época, los hombres y las mujeres no solían pasar demasiado tiempo juntos. Durante las temporadas que pasó en su hogar, Penélope le hablaba en raras ocasiones. De hecho, no había demostrado mucho interés en él. 
Por las noches, cuando la buscaba, no lo rechazaba. Pero, no obstante, no estaba ansiosa por sus caricias. Siempre había conseguido engatusarla para que su cuerpo le respondiera apasionadamente, pero no así su corazón.
Deslizó las manos por el pelo negro de ______, extasiado por la sensación de tenerlo entre los dedos. Su mirada se detuvo sobre su anillo. Brillaba tenuemente, captando la escasa luz de la estancia.
En su mente, lo veía cubierto de sangre. Recordaba cómo se le clavaba en el dedo mientras blandía la espada en mitad de una batalla. Ese anillo lo había significado todo para él, y no le había resultado fácil conseguirlo. Se lo había ganado con el sudor de su frente y con las numerosas heridas que sufrió su cuerpo. Le había costado mucho, pero había merecido la pena. 
Durante un tiempo fue respetado, aunque no lo amaran. En su vida como mortal, eso había sido esencial. 
Suspirando, echó la cabeza hacia atrás para apoyarse en el cojín del sofá que había puesto sobre el suelo y cerró los ojos. 
Cuando por fin se deslizó entre las neblinas del sueño, no fueron los rostros del pasado los que poblaron su mente, fue la imagen de unos claros ojos mieles que se reían con él, de una negra melena que se desparramaba por su pecho y de una voz suave que leía palabras que le resultaban familiares aunque, de algún modo, extrañas.

______ se desperezó lánguidamente al despertarse. Abrió los ojos y se sorprendió al darse cuenta de que tenía la cabeza sobre el abdomen de Tom. Él tenía la mano enterrada en su pelo y, por la respiración relajada y profunda, supo que todavía estaba dormido.
Alzó la mirada hacia su rostro. Tenía una expresión tranquila, casi infantil.
Y entonces fue consciente de algo: no había tenido la pesadilla. Había dormido toda la noche. 
Sonriendo, intentó levantarse muy despacio para no despertarlo.
No funcionó. Tan pronto como levantó la cabeza, Tom abrió los ojos y la abrasó con una intensa mirada.

CAPITULO # 68

— ______ —dijo en voz baja.
— No quería despertarte.
Ella señaló las escaleras con el pulgar. 
— Iba arriba a darme una ducha. ¿Debería cerrar la puerta?
La recorrió con ojos ardientes.
— No, creo que puedo comportarme.
Ella sonrió.
— Me parece que ya he oído eso antes.
Tom no contestó. 
______ subió y se dio una ducha rápida.
Una vez acabó, fue a su habitación y se encontró a Tom tumbado en la cama, hojeando su ejemplar de La Ilíada.
La miró con expresión absorta al darse cuenta de sólo llevaba puesta una toalla. Una lasciva sonrisa hizo que sus hoyuelos aparecieran en todo su esplendor, y la temperatura del cuerpo de ______ ascendió varios grados. 
— Me pongo la ropa y…
— No —le dijo con tono autoritario.
— ¿Que no qué? —preguntó incrédula.
La expresión de Tom se suavizó.
— Preferiría que te vistieras aquí. 
— Tom…
— Por favor.
______ se puso muy nerviosa ante la petición. Jamás había hecho algo así en su vida. Y se sentía avergonzada.
— Por favor, por favor… —volvió a rogarle con una leve sonrisa.
¿Qué mujer le diría que no a una expresión como ésa?
Lo miró con recelo.
— No te atrevas a reírte —le dijo mientras abría vacilante la toalla. 
Tom miró sus pechos con ojos hambrientos. 
— Puedes estar completamente segura de que la risa es lo último que se me pasa por la mente en estos momentos. 
Y entonces, se levantó de la cama y se acercó a la cómoda, donde ______ guardaba la ropa interior, con los movimientos gráciles de un depredador. Un extraño escalofrío recorrió la espalda de ______ mientras observaba cómo la mano de Tom rebuscaba entre sus braguitas hasta encontrar las de seda negra que Selena le había regalado de broma.
Tom las sacó y se arrodilló en el suelo delante de ella, con toda la intención de ayudarla a ponérselas. Sin aliento y totalmente entregada a la seducción, ______ miró sus rizos negros mientras elevaba una pierna para dejar que él le pasara las braguitas por el pie. 
Tras sus manos, que deslizaban la seda ascendiendo por su pierna, sus labios dejaban un reguero de besos que la hicieron estremecerse. Para mayor devastación de todos sus sentidos, abrió las manos y las colocó sobre sus muslos con los dedos totalmente extendidos. Y lo que fue aún peor, una vez las braguitas estuvieron colocadas en su sitio, la acarició levemente entre las piernas antes de apartarse.
A continuación, sacó el sujetador negro a juego.

CAPITULO # 69

Como una muñeca sin voluntad propia, dejó que se lo pusiera. Las manos de Tom rozaron los pezones, mientras abrochaba el enganche delantero; una vez cerrado, las deslizó bajo el satén y la acarició con deleite, erizándole la piel. 
Tom inclinó la cabeza y capturó sus labios. Podía sentir el fuego consumiéndolo, exigiéndole que la poseyera. Exigiéndole que aliviara el dolor de su entrepierna aunque fuese por un instante.
______ gimió cuando él profundizó el beso y se dejó llevar por completo. Tom la alzó en brazos para tenderla sobre la cama. De forma instintiva, ella le rodeó la cintura con las piernas y siseó al sentir los duros abdominales presionando sobre su sexo. 
Tom le pasó las manos por la espalda. La visión de su cuerpo húmedo y desnudo estaba grabada a fuego en su mente. Había llegado a un punto sin retorno cuando un destello de luz cegadora iluminó la habitación.
Con los ojos doloridos por el resplandor, Tom se separó de ella. 
— ¿Has sido tú? —le preguntó ella sin aliento, mirándolo arrobada. 
Risueño, Tom negó con la cabeza. 
— Ojalá pudiera atribuírmelo, pero estoy bastante seguro de que tiene otro origen.
Echó un vistazo a la habitación y sus ojos se detuvieron sobre la cama. Parpadeó.
No podía ser…
— ¿Qué es eso? —preguntó ______, girándose para mirar la cama.
— Es mi escudo —contestó Tom, incapaz de creerlo.
Hacía siglos que no veía su escudo. Atónito, lo contempló fijamente. Estaba en el mismo centro de la cama y emitía débiles destellos bajo la luz.
Conocía cada muesca y arañazo que había en él; recordaba cada uno de los golpes que los habían producido. 
Temeroso de estar soñando, alargó el brazo para tocar el relieve en bronce de Atenea y su búho. 
— ¿Y tu espada también?
Tom le agarró la mano antes de que pudiera tocarla.
— Ésa es la Espada de Cronos. No la toques jamás. Si alguien que no lleva su sangre la toca, su piel quedará marcada para siempre con una terrible quemadura.
— ¿En serio? —preguntó, bajándose de la cama para alejarse de la espada. 
— En serio. 
______ miró a la cama con el ceño fruncido.
— ¿Qué hacen aquí? 
— No lo sé.
— ¿Y quién los envía?
— No lo sé.
— Pues no me estás ayudando mucho. 
Tom no pareció captar su sarcasmo. En lugar de darse por aludido, ______ lo observó contemplar su escudo. Pasaba la mano sobre él como un padre que mira con adoración a un hijo largo tiempo perdido. 
Cogió su espada y la depositó en el suelo, debajo de la cama.
— No olvides que está aquí —le dijo muy serio—. Ten mucho cuidado de no tocarla.
Su expresión se volvió más ceñuda al incorporarse. Miró de nuevo el escudo.
— Debe ser obra de mi madre. Sólo ella o uno de sus hijos podrían enviármelos. 
— ¿Y por qué iba a hacerlo?
Tom entrecerró los ojos mientras recordaba el resto de la leyenda que rodeaba a su espada. 
— Estoy seguro de que ha enviado mi espada por si tengo que enfrentarme con Príapo. La Espada de Cronos también es conocida como la Espada de la Justicia. No acabará con su vida, pero hará que ocupe mi lugar en el libro.
— ¿Estás hablando en serio?
Tom asintió.
— ¿Puedo tocar el escudo?
— Claro.
______ pasó la mano sobre las incrustaciones doradas y negras que formaban la imagen de Atenea y el búho.
— Es muy bonito —dijo, maravillada.
— Kyrian lo mandó hacer cuando me nombraron General Supremo.
______ acarició la inscripción grabada bajo la figura de Atenea.
— ¿Qué dice aquí?
— «La muerte antes que el deshonor» —dijo con un nudo en la garganta.
Tom sonrió con melancolía al recordar a Kyrian junto a él durante las batallas. 
— El escudo de Kyrian decía: «El botín para el vencedor». Solía mirarme antes de la lucha, y decir: «Tú te llevas el honor, adelfos , y yo me quedo con el botín».
______ permaneció en silencio al escuchar el extraño tono de su voz. Intentando imaginar su apariencia con el escudo en alto, se acercó un poco más.
— ¿Kyrian? ¿El hombre que fue crucificado?
— Sí.
— Lo apreciabas mucho, ¿verdad?
Él sonrió con tristeza.
— Le llevó un tiempo acostumbrarse a mí. Yo tenía veintitrés años cuando su tío lo asignó a mi tropa, después de advertirme concienzudamente de lo que me sucedería si dejaba que Su Alteza fuese herido.
— ¿Era un príncipe?
Tom asintió.
— Y no tenía miedo a nada. Apenas si llegaba a los veinte años y luchaba o se metía en peleas sin estar preparado, sin creer que pudiesen hacerle daño. Me daba la sensación de que cada vez que me daba la vuelta, tenía que sacarlo a rastras de algún extraño contratiempo. Pero resultaba muy difícil no apreciarlo. A pesar de su carácter exaltado, tenía un gran sentido del humor y era completamente leal. —Pasó la mano por el escudo—. Ojalá hubiese estado allí para poder salvarlo de los romanos.

CAPITULO # 70 (FIN DEL MARATOM)


______ le acarició el brazo en un gesto comprensivo.
— Estoy segura de que los dos juntos habríais sido capaces de salir de cualquier atolladero. 
Los ojos de Tom se iluminaron al escucharla.
— Cuando nuestros ejércitos marchaban juntos, éramos invencibles. —Tensó la mandíbula al mirarla—. Hubiese sido cuestión de tiempo que Roma fuese nuestra. 
— ¿Por qué depreciabais tanto al Imperio Romano?
— Juré que destruiría Roma el mismo día que conquistaron Primaria. Kyrian y yo fuimos enviados para ayudarlos en la lucha, pero cuando llegamos era demasiado tarde. Los romanos habían rodeado la ciudad y habían asesinado salvajemente a todas las mujeres y a los niños. Jamás había visto una carnicería semejante. —Su mirada se oscureció—. Estábamos intentando enterrar a los muertos cuando los romanos nos tendieron una emboscada.
______ se quedó helada al escucharlo.
— ¿Qué ocurrió?
— Derroté a Livio y estaba a punto de matarlo en el momento en que intervino Príapo. Lanzó un rayo a mi caballo y caí en mitad de las tropas romanas. Estaba seguro de iba a morir cuando Kyrian apareció de la nada. Hizo retroceder a Livio hasta que pude ponerme en pie de nuevo. Livio llamó a sus hombres a retirada y desapareció antes de que pudiésemos acabar con él.
______ fue consciente de la proximidad de Tom. Estaba detrás de ella, tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de él. Colocó los brazos a ambos lados de su cuerpo, atrapándola entre él y la cama, y se apoyó sobre su espalda. 
Ella apretó los dientes ante la ferocidad del deseo que la invadió. Tom no la estaba tocando, pero sus sentidos estaban tan desbocados como si sus manos la acariciasen. Él inclinó la cabeza y le mordisqueó el cuello.
La sensación de su lengua sobre la piel consiguió que todas sus hormonas cobraran vida. Arqueó la espalda mientras un estremecimiento le recorría los pechos. Si no lo detenía…
— Tom —balbució; su voz no logró trasmitir la advertencia que pretendía. 
— Lo sé —susurró él—. Voy de camino a darme una ducha fría. 
Mientras salía de la habitación, ______ lo escuchó gruñir una palabra en voz baja:
— Solo. 

Después de desayunar, ______ decidió enseñarle a conducir.
— Esto es ridículo —protestó Tom mientras ______ aparcaba en el estacionamiento del instituto.
— ¡Venga ya! —se burló ella—. ¿No sientes curiosidad?
— No.
— ¿Que no?
Tom suspiró.
— Esta bien, un poco.
— Bueno, entonces imagina las historias sobre la gran bestia de acero que condujiste alrededor de un aparcamiento que podrás contarles a tus hombres cuando regreses a Macedonia.
Tom la miró perplejo.
— ¿Eso significa que estás de acuerdo con que me marche?
No, quiso gritarle. Pero en lugar de eso, suspiró. En el fondo, sabía que jamás podría pedirle que abandonara todo lo que había sido para quedarse con ella.
Tom de Macedonia era un héroe. Una leyenda.
Jamás podría ser un hombre de carácter tranquilo del siglo veintiuno. 
— Sé que no puedo hacer que te quedes conmigo. No eres un cachorrito abandonado que me ha seguido a casa. 
Tom se tensó al escucharla. Tenía razón. Por eso le resultaba tan difícil abandonarla. ¿Cómo podía separarse de la única persona que lo veía como a un hombre?
No sabía por qué quería enseñarlo a conducir pero, de todas formas, notaba que se sentía feliz compartiendo su mundo con él. Y, por alguna razón que no quería analizar demasiado a fondo, le gustaba hacerla feliz.
— Muy bien. Enséñame a dominar a esta bestia.
______ salió del coche para que Tom pudiese sentarse en el asiento del conductor.
Tan pronto como Tom se sentó, ella hizo una mueca al ver a un hombre, de casi un metro noventa, encogido para poder acomodarse en un asiento dispuesto para una mujer de uno cincuenta y cinco. 
— Lo siento, se me ha olvidado mover el asiento.
— No puedo moverme ni respirar, pero no te preocupes, estoy bien.
Ella se rió.
— Hay una palanca bajo el asiento. Tira de ella y podrás moverlo hacia atrás.
Tom lo intentó, pero el espacio era tan estrecho, que no la alcanzaba.
— Espera, yo lo haré.
Echó la cabeza hacia atrás cuando ______ se inclinó por encima de su muslo y apretó los pechos sobre su pierna para pasarle el brazo entre las rodillas. Su cuerpo reaccionó de inmediato, endureciéndose y comenzando a arder.
Cuando ella apoyó la mejilla sobre su entrepierna al tirar de la palanca, Tom pensó que estaba a punto de morir.
— ¿Te has dado cuenta de que estás en la posición perfecta para…?
— ¡Tom! —exclamó ella, retrocediendo para ver el abultamiento de sus vaqueros. Su rostro adquirió un brillante tono rojo—. Lo siento.
— Yo también —contestó él en voz baja.
Desafortunadamente, todavía tenía que mover el asiento, así que Tom se vio forzado a soportar la postura una vez más.
Apretando los dientes, alzó un brazo y se agarró al reposacabezas con fuerza. Era lo único que podía hacer para no ceder a la salvaje lujuria.
— ¿Estás bien? —le preguntó ella, una vez colocó el asiento en su sitio y volvió al suyo.
— ¡Claro! —contestó él con tono sarcástico—. Teniendo en cuenta que he caminado sobre brasas que resultaron menos dolorosas que lo que está soportando en este momento mi entrepierna, estoy fenomenal. 
— Ya te he pedido perdón.
Él la miró fijamente.
______ le dio unas palmaditas en el brazo.
— Venga, ¿llegas bien a los pedales? 
— Me encantaría llegar hasta los tuyos… 
— ¡Tom! —exclamó de nuevo ______. Era un hombre verdaderamente libidinoso—. ¿Quieres concentrarte?
— De acuerdo, ya me estoy concentrando.
— En mis pechos, no.
Tom bajó la mirada hacia el regazo de ______.
— Ni ahí tampoco.
Para su sorpresa, hizo un puchero semejante al de un niño enfadado. La expresión era tan extraña en él que ______ no tuvo más remedio que reírse de nuevo.
— Vale —le dijo ella—. El pedal que está a tu izquierda, es el embrague; el del medio es el freno y el de la derecha, el acelerador. ¿Te acuerdas de lo que te explicado sobre ellos?
— Sí.
— Bien. Ahora, lo primero que tienes que hacer es apretar el embrague y meter la marcha. —Y diciendo esto, colocó la mano sobre la palanca de cambios, situada entre los dos asientos, y le enseñó cómo debía moverla. 
— En serio, ______. No deberías acariciar eso de esa forma delante de mí. Es una crueldad por tu parte.
— ¡Tom! ¿Te importaría prestar atención? Estoy intentando enseñarte a cambiar de marcha.
Él resopló.
— Ojalá me cambiaras a mí las marchas del mismo modo. 
Con un brillo malicioso en los ojos, soltó el embrague antes de la cuenta y el coche se caló. 
— Se supone que esto no debería pasar, ¿verdad? —preguntó.
— No, a menos que quieras tener un accidente.
Él suspiró y lo intentó de nuevo.
Una hora más tarde, después que se las hubiera arreglado para dar una vuelta alrededor del estacionamiento sin golpear los postes y sin que el coche se le calara, ______ se dio por vencida. 
— Menos mal que fuiste mejor general que conductor.
— Ja, ja —exclamó él sarcásticamente, pero con un brillo en la mirada que indicó a ______ que no estaba ofendido—. Lo único que alegaré en mi defensa es que el primer vehículo que conduje fue un carro de guerra. 
______ le sonrió.
— Bueno, en estas calles no estamos en guerra.
Con una mirada escéptica, él le respondió:
— Yo no diría eso después de haber visto las noticias de la noche. —Apagó el motor—. Creo que dejaré que conduzcas un rato.
— Muy inteligente por tu parte. No puedo permitirme comprar un coche nuevo de ninguna forma.
Salió del coche para cambiar de asiento; pero al cruzarse a la altura del maletero, Tom la sostuvo para darle un beso tan tórrido que ella acabó mareada. Él le cogió las manos y las sostuvo sobre sus estrechas caderas mientras mordisqueaba sus labios.
¡Santo Dios! Una mujer podía acostumbrarse a eso con mucha facilidad. Mucha, mucha facilidad.
Tom se separó.
— ¿Quieres llevarme a casa para que te mordisquee otras cosas?
Sí, eso era lo que quería. Y por eso no se atrevía. De hecho, el beso la había dejado tan trastornada que no podía ni hablar.
Tom sonrió ante la mirada extraviada y hambrienta de ______. Estaba observando sus labios como si aún pudiese saborearlos. En ese momento, la deseó más que nunca. Deseó poder arrancarle la goma del pelo y dejar que su melena se desparramara sobre su pecho, una vez estuviera tendida sobre él.
Cómo deseaba estar de regreso en su casa donde pudiese quitarle los pantalones cortos y escuchar sus dulces murmullos de placer mientras él le…
— El coche —dijo ella, parpadeando como si despertara de un sueño—. Íbamos a entrar en el coche.
Tom le dio un pequeño beso en la mejilla.
Una vez dentro del coche y con los cinturones de seguridad abrochados, ______ lo miró de soslayo.
— ¿Sabes una cosa? Creo que hay dos cosas en Nueva Orleáns que deberías experimentar. 
— En primer lugar, tengo que poseerte en un…
— ¿Es que no vas a parar?
Tom se aclaró la garganta.
— Está bien. ¿Cuál es tu lista?
— Bourbon Street y la música moderna. Y de una de ellas nos podemos encargar ahora mismo. —Y puso la radio.
Se rió al reconocer Hot Blooded de Foreigner. Qué apropiado, dado su pasajero.

miércoles, 16 de abril de 2014

Capitulos del maratom

CAPITULO # 63
— Estuvo aquí hace un rato. Él… él me inquieta.
La expresión gélida y severa que adoptó el rostro de Tom la dejó atónita. 
— ¿Dónde está ahora?
— No lo sé. Se esfumó al llegar la policía. Por eso me marchaba. Iba a quedarme en un hotel.
— ¿Todavía quieres marcharte?
______ negó con la cabeza. Con él allí, se sentía completamente a salvo.
— Cogeré tu bolsa —le dijo. La sacó y cerró el maletero.
______ se encaminó hacia la casa.
Pasaron el resto del día en una apacible soledad. Al llegar la noche, se tumbaron delante del sofá, reclinados sobre los cojines.
______ apoyó la cabeza en el duro vientre de Tom mientras acaba de leerle Peter Pan y hacía todo lo posible para no distraerse con el maravilloso olor que desprendía su cuerpo. Y con lo maravillosamente bien que estaba, apoyada sobre sus abdominales. 
Tenía que echar mano de toda su fuerza de voluntad para no darse la vuelta y explorar los firmes músculos de su torso con la boca. 
Tom le acariciaba lentamente el pelo mientras la observaba. Señor, sus manos hacían que le ardiera la piel. Le hacían desear arrancarle la ropa y saborear cada centímetro de su cuerpo. 
— Fin —dijo ella, cerrando el libro. 
La abrasadora mirada de Tom le quitó el aliento.
Se estiró y arqueó levemente la espalda, apoyándose con más fuerza sobre él.
— ¿Quieres que te lea algo más?
— Sí, por favor. Tu voz me relaja.
Ella lo miró fijamente por un instante y, después, sonrió. No recordaba que ningún otro cumplido hubiese significado tanto para ella como aquél.
— Tengo la mayoría de los libros en mi habitación —le dijo mientras se ponía en pie—. Vamos, te enseñaré mi tesoro escondido y encontraremos algo que nos guste. 
La siguió escaleras arriba. 
______ notó que Tom observaba la cama con deseo y después la miraba a ella. 
Fingió no darse cuenta y abrió la puerta del enorme vestidor. Encendió la luz y pasó una mano con cariño por las estanterías que su padre había colocado tantos años atrás.

CAPITULO # 64

Su padre y su mejor amigo se lo habían pasado en grande mientras colocaban las estanterías. Los dos eran profesores, y tenían la habitación hecha un desastre. Su padre acabó con dos uñas negras antes de que todo estuviese terminado. Su madre no había dejado de reírse y de llamar a su marido «carpintero profesional», pero a él no parecía importarle. La expresión de orgullo en su rostro cuando todo estuvo terminado, y los libros de ______ colocados en las estanterías, quedó impresa para siempre en el corazón de su hija.
Cómo adoraba esa estancia. Aquí era donde realmente sentía el amor de sus padres. Aquí se refugiaba y huía de los problemas y sufrimientos que la perseguían.
Cada libro guardado allí era un recuerdo especial, y todos ellos formaban parte de su mundo. Miró a su izquierda y vio Shanna, con la que había comenzado su afición a la novela romántica. The Wolfling, la había introducido en la ciencia ficción. Y su adorado Bimbos del Sol Muerto, su primera novela de misterio.
También estaban allí las viejas novelas de sus padres, y las tres copias de los libros de texto que su padre había escrito antes de que ella naciera.
Éste era su santuario y Tom era, sin contar a sus padres, la primera persona que ponía un pie en él.
— Llevas tiempo coleccionando libros —comentó él mientras echaba un vistazo a las estanterías.
Ella asintió.
— Fueron mis mejores amigos mientras crecía. Creo que el amor por la lectura es el mejor regalo que mis padres me han dado —alzó el libro de Peter Pan—. Éste era de mi padre, de cuando era niño. Es mi posesión más preciada.
Lo devolvió a una de las estanterías y cogió un ejemplar de Belleza Negra. 
— Mi madre me leía éste una y otra vez.
Hizo un pequeño recorrido, mostrándole sus libros.
— Rebeldes —susurró con adoración—. Era mi libro favorito en el instituto. ¡Ah!, junto con éste, ¿Puedes demandar a tus padres por abuso de autoridad?
Tom se rió.

CAPITULO # 65

— Ya veo que significan mucho para ti. Se te ilumina el rostro cuando hablas de ellos. 
Algo en su mirada le dijo a ______ que él estaba pensando en otro modo de hacer que se iluminara…
Tragando saliva ante la idea, se dio la vuelta y rebuscó en la estantería de la derecha, donde guardaba los clásicos, mientras Tom seguía mirando los de la izquierda.
— ¿Qué te parece éste? —le preguntó él, con una de sus novelas románticas en la mano. 
______ soltó una risita nerviosa al ver a la pareja que se abrazaba medio desnuda en la portada.
— ¡Señor!, me parece que no.
Él miró la portada y alzó una ceja.
— Vale —dijo ______ quitándole el libro de la mano—. Has descubierto mi más profundo secreto. Soy una adicta a las novelas románticas, pero lo último que necesitas es que te lea una apasionada escena de amor en voz alta. Muchísimas gracias, pero no. 
Tom le miró fijamente los labios.
— Preferiría recrear una apasionada escena de amor contigo —dijo en voz baja, acercándose a ella. 
______ comenzó a temblar. Tenía la espalda pegada a la estantería y no podía retroceder más. Tom colocó un brazo sobre su cabeza y acercó su cuerpo al suyo, hasta dejarlos unidos. Entonces, bajó la cabeza y se acercó a su boca.
______ cerró los ojos. La presencia de Tom inundaba todos sus sentidos. La rodeaba de una forma extremadamente perturbadora.
Por una vez, él mantuvo las manos quietas y se limitó a tocarla tan sólo con los labios. Daba igual. La cabeza de ______ comenzó a girar de todos modos.
¿Cómo había podido su esposa elegir a otro hombre teniéndolo a él? ¿Cómo podía rechazarlo una mujer en su sano juicio? Este hombre era el paraíso.
Tom profundizó el beso, explorando su boca con la lengua. ______ sentía los latidos de su corazón mientras él se acercaba aún más y sus músculos la envolvían.
Jamás había sido tan consciente de la presencia de otro ser humano. Él la ponía al límite, le hacía experimentar sensaciones que no sabía que pudiesen existir.
Tom se retiró un poco y apoyó la mejilla sobre la de ______. Su aliento caía sobre su pelo y le erizaba la piel. 
— Tengo unos deseos horribles de estar dentro de ti, ______ —murmuró—. Quiero sentir tus piernas alrededor de mi cuerpo, sentir tus pechos debajo de mí, escucharte gemir mientras te hago el amor lentamente. Quiero que tu aroma quede impreso en mi cuerpo y que tu aliento me queme la piel. 
Todo su cuerpo se tensó antes de separarse de ella.

CAPITULO # 66 (FIN DEL MARATOM)


— Pero ya estoy acostumbrado a desear cosas que no puedo tener —susurró.
Ella le tocó el brazo.Tom cogió su mano, se la llevó a los labios y depositó un rastro de pequeños besos sobre los nudillos.
El deseo que se reflejaba en su apuesto rostro hacía que a ______ le doliera todo el cuerpo.
— Busca un libro y me comportaré.
Tragó saliva mientras él se alejaba. Entonces, se fijó en su viejo ejemplar de La Ilíada. Sonrió. Le iba a encantar, estaba segura. 
Lo cogió y bajó las escaleras.
Tom estaba sentado delante del sofá.
— ¡Adivina lo que he encontrado! —exclamó ______ excitada.
— No tengo la más remota idea.
Ella lo sostuvo en alto y sonrió.
— ¡La Ilíada!
Tom se animó al instante y los hoyuelos relampaguearon en su rostro.
— Cántame, ¡Oh Diosa!
— Muy bien —respondió ella, sentándose a su lado—. Y esto te va a gustar todavía más: es una versión bilingüe; con el original griego y la traducción inglesa.
Y se lo dejó para que lo viera.
La expresión de Tom fue la misma que habría puesto si le hubieran entregado el tesoro de un rey. Abrió el libro y, de inmediato, sus ojos volaron sobre las páginas mientras pasaba la mano reverentemente por las hojas, cubiertas con la antigua escritura griega.
Era incapaz de creer que estuviese viendo de nuevo su idioma escrito, después de tanto tiempo. Hacía una eternidad que no lo leía en otro lugar que no fuese su brazo.
Siempre le habían encantado La Ilíada y La Odisea. De niño, había pasado horas oculto tras los barracones, leyendo pergaminos una y otra vez; o escabulléndose para escuchar a los bardos en la plaza de la ciudad. 
Entendía muy bien lo que sentía ______ por sus libros. Él había sentido lo mismo en su juventud. A la más mínima oportunidad, se escapaba a su mundo de fantasía, donde los héroes siempre triunfaban, los demonios y villanos eran aniquilados, y los padres y las madres amaban a sus hijos. 
En las historias no había hambre ni dolor, sino libertad y esperanza. Fue a través de esas historias como aprendió lo que eran la compasión y la ternura. El honor y la integridad.
______ se arrodilló junto a él.
— Echas de menos tu hogar, ¿verdad?
Tom apartó la mirada. Sólo echaba de menos a sus hijos.
Al contrario que a Kyrian, la lucha nunca le había atraído. El hedor de la muerte y la sangre, los quejidos de los moribundos. Sólo había luchado porque era lo que se esperaba de él. Y había liderado un ejército porque, como bien dijo Platón, cada ser humano está capacitado por naturaleza para realizar una actividad a la cual se entrega. Por su naturaleza, Tom siempre había sido un líder y no podía seguir las órdenes de nadie.
No, no lo echaba de menos, pero…
— Fue lo único que conocí.
______ le rozó el hombro, pero fue la preocupación que reflejaban sus ojos cafeces lo que le desarmó.
— ¿Querías que tu hijo fuese un soldado?
Él negó con la cabeza.
— Jamás quise que truncaran su juventud como les ocurrió a tantos de mis hombres —contestó con la voz ronca—. Bastante irónico, ¿no es cierto? Ni siquiera le habría permitido que jugara con la espada de madera que Kyrian le regaló para su cumpleaños; ni le hubiese dejado tocar la mía mientras estuviese en casa. 
______ enlazó las manos en su cuello y tiró de él para acercarlo. Sus caricias eran tan increíblemente relajantes… Hacían que la soledad doliese aún más.



HOLA!! POBRE DE MI BEBE :´( QUE TRISTE SU HISTORIA, DA LASTIMA PERO EL TIENE QUE QUEDARSE ... O NO CHICAS? EL TIENE QUE ESTAR CON ____ ... xD ... BUENO AQUI ESTAN LOS CAPS ... ESPERO LES GUSTE Y PARA JENNIFER .. YA NO LA SEGUIRE, NO ME INVENTO NADA DE ESA HISTORIA, LO SIENTO .,.. TE QUEDE MAL U.U ... HASTA PRONTO, SI MAÑANA VEO MAS DE 1 COMENTARIO, AGREGO SINO,.. HASTA PASADO MAÑANA :))

martes, 15 de abril de 2014

Capitulos del Maratom

CAPITULO # 59
Subió las escaleras penosamente, con el corazón destrozado. Tendría que alejarse de él. Era todo lo que podía hacer. Porque, en el fondo, sabía que cuanto más supiese acerca de Tom, más cariño le cogería. Y si él no tenía intención de quedarse, acabaría muy herida.
Había subido la mitad de la escalera, cuando alguien llamó a la puerta principal. Por un instante, se le levantó el ánimo al pensar que podía ser Tom; hasta que llegó a la puerta y vio la silueta de un hombre bajito esperando en el porche.
Entreabrió la puerta y emitió un jadeo.
Era Rodney Carmichael.
Llevaba un traje marrón oscuro, con una camisa amarilla y corbata roja. Se había peinado hacia atrás el pelo corto y negro, y le dedicaba una radiante sonrisa.
— ¡Hola ______!
— Señor Carmichael —lo saludó glacialmente, aunque el corazón le latía a toda prisa. Había algo definitivamente espeluznante en este tipejo delgado—. ¿Qué está haciendo aquí?
— Pasaba por aquí y me detuve para saludar. Se me ocurrió que pod…
— Tiene que marcharse.
Él frunció el ceño.
— ¿Por qué? Sólo quiero hablar contigo. 
— Porque no atiendo a mis pacientes en casa.
— Vale, pero yo no soy…
— Señor Carmichael —le dijo con brusquedad—. Tiene que marcharse. Si no lo hace, llamaré a la policía.
Sin hacer mucho caso a la ira de ______, asintió con la cabeza, demostrando tener la paciencia de un santo.
— ¡Vaya! Entonces debes estar ocupada. Puedo pasar por aquí más tarde. Yo también tengo mucho que hacer. ¿Vengo luego entonces? Podemos cenar juntos.
Totalmente muda de asombro, ______ lo miró fijamente a los ojos.
— No.
Él sonrió ante la negativa.
— Vamos, ______. No seas así. Sabes que estamos hechos el uno para el otro. Si me dejas…
— ¡Márchese!
— Muy bien; pero volveré. Tenemos mucho de qué hablar —se dio la vuelta y bajó la escaleras del porche.
Con el corazón martilleando en el pecho, ella cerró la puerta y echó el seguro.
— Voy a matarte, Luanne —dijo mientras se dirigía a la cocina. Al pasar por la salita de estar, una sombra en la ventana llamó su atención. 
Era Rodney.
Aterrada, cogió el teléfono y llamó a la policía.
Tardaron casi una hora en llegar. Rodney permaneció en el jardín todo el tiempo, de ventana en ventana, observándola a través de las rendijas de las persianas. Hasta que no vio que el coche de policía subía por el camino de entrada no desapareció por el patio trasero. 
______ tomó una profunda bocanada de aire para calmar sus nervios y abrió la puerta para que pasaran los agentes.
Se quedaron el tiempo suficiente para informarle de que no podían hacer nada para mantener a Rodney alejado de ella. Lo mejor que podía hacer era conseguir una orden de alejamiento, pero puesto que era ella la que debía encargarse del tratamiento de Rodney hasta que Luanne regresara, era algo totalmente inútil. 
— Lo siento —se disculpó el policía en la puerta, mientras los acompañaba—, pero no ha incumplido ninguna ley que nos permita ayudarle a librarse de él. Podría solicitar una orden de detención por allanamiento, pero a menos que tenga antecedentes no servirá de nada. 
El agente, un hombre joven, la miró compasivo.
— Sé que no le va a servir de mucho consuelo, pero podemos intentar patrullar la zona con más frecuencia. Aunque el verano es una época especialmente ajetreada para nosotros. A modo personal, le aconsejo que se marche a casa de un amigo durante un tiempo.
— De acuerdo, muchas gracias —tan pronto como se marcharon, corrió por toda la casa, asegurando puertas y ventanas con los cerrojos y pestillos. 
Intranquila, lanzaba miradas en torno a su propio hogar, esperando ver a Rodney entrar a través de un agujero en la pared, como si se tratara de una cucaracha. 
Si tan sólo supiera realmente si el tipo era o no peligroso… Su informe del hospital psiquiátrico mencionaba un comportamiento desviado y persecutorio hacia mujeres, a las que acosaba pero jamás hería físicamente. Se limitaba a aterrorizar a sus víctimas imponiéndoles su presencia continuamente, por lo cual había sido enviado al hospital para comenzar a tratarlo. 
Como psicóloga, ______ sabía que no había nada especialmente peligroso en Rodney, pero como mujer estaba asustada.
Lo último que quería era acabar como una estadística más.
No, no podía quedarse allí esperando que el tipo regresara y la encontrara sola.
Se apresuró a subir las escaleras para hacer el equipaje.

CAPITULO # 60

Selena observaba cómo Tom se paseaba nervioso, por delante de su puesto, mientras hacía una tirada para un turista. ¡Dios santo!, podría pasarse todo el día observándolo caminar. Ese modo de andar hacía saltar los ojos de las órbitas, y a ella le entraban unos deseos terribles de salir corriendo a casa, agarrar a Bill y hacerle unas cuantas cosas pecaminosas. 
Una y otra vez, las mujeres se acercaban a él, pero Tom no tardaba en quitárselas de en medio. Era ciertamente divertido ver a todas esas chicas pavoneándose a su alrededor mientras él permanecía ajeno a sus estratagemas. Nunca le había parecido posible que un hombre actuara así.
Pero claro, hasta ella podía llegar a aborrecer el chocolate si se daba un atracón.
Y por el modo en que las mujeres respondían a la presencia de Tom, dedujo que él ya había sufrido más de un dolor de tripa causado por un empacho. La verdad es que parecía muy preocupado.
Y Selena se sentía fatal por lo que les había hecho a ambos, a él y a ______. Su idea parecía bastante sencilla en un principio. Si hubiese reflexionado un poco más…
¿Pero cómo iba a saber quién era Tom? Claro, que su nombre podía haber hecho sonar algún timbre en su mente; de todos modos, su especialidad era la Edad de Bronce griega que, hasta para la época de Tom, era la Prehistoria.

CAPITULO # 61

Y tampoco había creído que el tipo del libro fuese realmente humano. Pensaba que era alguna clase de genio o criatura mágica, sin pasado ni sentimientos.
¡Señor!, cuando metía la pata lo hacía hasta el fondo.
Meneando la cabeza, observó cómo Tom rechazaba otra oferta, esta vez procedente de una atractiva pelirroja. El hombre era un verdadero imán de estrógenos.
Acabó la lectura.
Tom esperó unos minutos y se acercó a la mesa.
— Llévame con ______.
No era una petición, no. Estaba segura de que era el mismo tono de voz que empleaba para dirigir a su ejército en mitad de una batalla.
— Dijo que…
— No me importa lo que dijese. Necesito verla.
Selena envolvió la baraja en el pañuelo negro de seda. ¿Qué demonios? Tampoco es que necesitara que su mejor amiga volviera a hablarle. 
— Vas directo a tu funeral.
— Ojalá —dijo en voz tan baja que ella no pudo estar segura de haber escuchado correctamente.
La ayudó a recoger sus trastos para meterlos en el carrito, y llevarlo todo hasta la pequeña caseta que tenía alquilada para guardarlo. 
Sin pérdida de tiempo, llegaron a casa de ______.
Aparcaron en el camino del jardín justo cuando ______ estaba guardando sus maletas.
— ¡Hola, ______! —saludó Selena—. ¿Dónde vas?
Ella miró furiosa a Tom.
— Me marcho por unos días.
— ¿Dónde? —le preguntó su amiga

CAPITULO # 62 (FIN DEL MARATOM)


______ no contestó.
Tom salió del coche y se acercó a ella. Iba a arreglar las cosas, costase lo que costase.
______ arrojó una bolsa al maletero y se alejó de Tom.
Él la cogió por un brazo.
— No has contestado a la pregunta.
Ella se zafó de su mano.
— ¿Y qué vas a hacer, pegarme si no lo hago? —le dijo, mirándolo con los ojos entrecerrados.
Tom se encogió ante el evidente rencor.
— ¿Y te extrañas de que quiera marcharme? —Entonces se dio cuenta. A ______ le estaba costando horrores contener las lágrimas. Tenía los ojos húmedos y brillantes. La culpa lo asaltó—. Lo siento, ______ —murmuró mientras cubría su mejilla con la mano—. No pretendía hacerte daño.
______ observó la batalla que mantenían el arrepentimiento y el deseo en el rostro de Tom. Su caricia era tan tierna y tan suave… Por un instante, estuvo a punto de creer que, en realidad, él se preocupaba por ella.
— Yo también lo siento —susurró—. Ya sé que no tienes la culpa.
Él soltó una brusca y amarga carcajada.
— En realidad, todo lo que sucede es culpa mía. 
— ¡Eh! ¿Me puedo fiar de vosotros? —preguntó Selena. 
Tom miró a ______ con ardiente intensidad, atrapando su mirada y haciéndola temblar.
— ¿Quieres que me vaya? —le preguntó.
No, no quería. Ésa era la base de todo el problema. Que no quería que volviera a abandonarla. Jamás.
______ cogió las manos de Tom entre las suyas y las apartó de su rostro.
— Todo está solucionado, Selena.
— En ese caso, me voy a casa. Nos vemos. 
______ apenas si fue consciente de que su amiga ponía en marcha el coche y se alejaba. Toda su atención estaba puesta en Tom.
— ¿Ahora me vas a decir dónde vas? —le preguntó. 
Por primera vez, desde que la policía se marchó, ______ sintió que podía respirar. Con la presencia de Tom, el miedo se desvaneció como la niebla bajo el sol.
Se sentía segura.
— ¿Recuerdas lo que te conté sobre Rodney Carmichael? 
Él asintió.



HOLA!!! CHICAS DISCULPEN SI LOS CAPITULOS ESTAN MUY CORTOS PERO ASI ESTAN EN LA PAGINA DONDE SACO LA HISTORIA ... LO SE ... YO TAMBIEN ME QUEDE CON CARA DE :O ... PERO BUENO, MAÑANA LES AGREGO SI VEO MAS DE 1 ... BUENO QUE ESTEN BIEN, HASTA PRONTO :))

lunes, 14 de abril de 2014

Capitulos del Maratom

CAPITULO # 55
— Creo que deberías buscarte una nueva profesión.
— Tal vez —le dijo evasivamente. No tenía ninguna intención de dejar su trabajo—. A ver, ¿dónde vamos primero?
Él se encogió de hombros despreocupadamente.
— Me da exactamente igual.
— Entonces, vamos al Acuario. Por lo menos hay aire acondicionado —y cogiéndolo del brazo, cruzó el estacionamiento y se encaminó por Moonwalk hacia el lugar.
Tom permaneció en silencio mientras ella compraba las entradas y lo guiaba hacia el interior. No dijo nada hasta que estuvieron paseando por los túneles subacuáticos, que les permitían observar las distintas especies marinas en su hábitat natural.
— Es increíble —balbució cuando una enorme raya pasó sobre sus cabezas. Tenía una expresión infantil, y la luz que chispeaba en sus ojos la llenó de calidez. 
Súbitamente, sonó su busca. Soltó una maldición y miró el número. ¿Una llamada desde el despacho un sábado? 
Qué raro.
Sacó el móvil del bolso y llamó.
— ¡Hola, ______! —le dijo Beth, tan pronto como descolgó—. Escucha, estoy en mi consulta. Anoche entró alguien al despacho. 
— ¡No!, ¿quién haría algo así?
______ captó la mirada curiosa en los ojos de Tom. Le ofreció una sonrisa insegura, y siguió escuchando a Beth Livingston, la psiquiatra que compartía la consulta con Luanne y con ella.
— Ni idea. Hay un equipo de la policía buscando huellas y todo está acordonado. Por lo que he visto, no se han llevado nada importante. ¿Tenías algo de valor en tu consulta?
— Sólo el ordenador.
— Está todavía allí. ¿Algo más? ¿Dinero, cualquier otra cosa?
— No, nunca dejo objetos de valor ahí.
— Espera, el oficial quiere hablar contigo.
______ esperó hasta escuchar una voz masculina.
— ¿Doctora Alexander?
— Sí, soy yo.
— Soy el oficial Allred. Parece que se llevaron su organizador Rodolex y unos cuantos archivadores. ¿Sabe de alguien que pudiera estar interesado en ellos?
— Pues no. ¿Necesita que vaya para allá?
— No, no. Estamos buscando huellas, pero si se le ocurre algo, por favor, llámenos —y le pasó el teléfono a Beth.
— ¿Quieres que vaya? —le preguntó.
— No. No hay nada que puedas hacer. En realidad, es bastante aburrido.
— Vale, avísame al buscar si necesitas algo.
— Lo haré.
______ colgó el teléfono y lo devolvió al bolso.
— ¿Ha pasado algo? —preguntó Tom.
— Alguien entró anoche en mi despacho.
Él frunció el ceño.
— ¿Para qué?
— Ni idea —la pausa de ______ hizo que el ceño de Tom se intensificara, mientras ella pensaba en los posibles motivos—. No puedo imaginarme para qué iba a querer alguien mi Rodolex. Desde que me compré el Palm Pilot, ni siquiera lo he usado. Es muy extraño.
— ¿Tenemos que irnos?
Ella agitó la cabeza.
— No hace falta.
Tom dejó que ______ lo guiara alrededor de los diferentes acuarios, mientras le leía las extrañas inscripciones que explicaban detalles sobre las distintas especies y sus hábitats.
¡Por los dioses!, cómo le gustaba escuchar el sonido de su voz al leer. Había algo muy relajante en la voz de ______. Le pasó un brazo por los hombros mientras paseaban. Ella le rodeó la cintura y enganchó un dedo en una de las trabillas del cinturón.
El gesto consiguió debilitarlo. Se dio cuenta de que pasaba las horas deseando sentir el roce de su cuerpo. Y la sensación sería mucho más placentera si ambos estuviesen desnudos en ese mismo momento.
Cuando ella le sonrió, el corazón se le aceleró descontroladamente. ¿Qué tenía esta mujer que despertaba algo en él que jamás había sentido?
Pero en el fondo lo sabía. Era la primera mujer que lo veía. No a su apariencia física, ni a sus proezas de guerrero. Ella veía su alma.
Jamás había pensado que podía existir una persona así.

CAPITULO # 56

______ lo trataba como a un amigo. Y su interés en ayudarlo era genuino. O al menos, eso parecía.
Es parte de su trabajo.
¿O era de verdad?
¿Podía una mujer tan maravillosa y compasiva como ella preocuparse realmente por un tipo como él?
______ se detuvo delante de otra inscripción. Tom se quedó tras ella y le pasó ambos brazos por los hombros. Ella le acarició distraídamente los antebrazos mientras leía.
Con el cuerpo en llamas por el deseo que despertaba en él, inclinó la barbilla hasta apoyarla sobre su cabeza y escuchar de ese modo la explicación, mientras observaba cómo nadaban los peces. El olor de su piel invadió sus sentidos y anheló volver a su casa, donde podría quitarle la ropa.
No era capaz de recordar cuándo había sido la última vez que deseó tanto a una mujer como le ocurría con ______. De hecho, no creía posible que algo así le hubiese ocurrido antes. Deseaba perderse en su interior. Sentir sus uñas arañándole la espalda mientras gritaba al llegar al clímax. 
Que las Parcas se apiadasen de él. ______ se le había metido bajo la piel. 
Y estaba aterrado. Ella ocupaba un lugar en su corazón que acabaría destrozándolo si le faltaba. Sólo ella podía acabar realmente con él. Hacerlo pedazos. 
Era casi la una del mediodía cuando salieron del Acuario. ______ se encogió tan pronto como volvieron a la calle, asaltada por la oleada de calor. En días como éste, se preguntaba cómo podría la gente sobrevivir antes de que se inventara el aire acondicionado.
Miró a Tom y sonrió. Por fin había encontrado a alguien a quien preguntar. 
— Dime una cosa, ¿qué hacíais para sobrevivir en días tan calurosos como éste?
Él arqueó una ceja con un gesto arrogante.
— Hoy no hace calor. Si quieres saber lo que es el calor, intenta atravesar un desierto con todo tu ejército, llevando la armadura y con sólo medio odre de agua para mantenerte. 
Ella hizo un gesto compasivo.
— Abrasador, supongo.
Él no respondió.
______ echó un vistazo a la plaza, atestada de gente.
— ¿Quieres que vayamos a ver a Selena y demos una vuelta por la plaza? Debe estar en su tenderete. El sábado suele ser uno de sus mejores días. 
— Vamos.
Agarrados de la mano, bajaron la calle hasta llegar a Jackson Square. Como era de esperar, Selena estaba en su puestecillo con un cliente. ______ comenzó a alejarse para no interrumpir, pero Selena la vio y le hizo un gesto para que se acercara.
— Oye, ______, ¿te acuerdas de Ben? Bueno, mejor del doctor Lewis, de la facultad.
______ dudó en acercarse al reconocer al tipo corpulento, entrado ya en los cuarenta. 
¿Que si lo recordaba? Le había puesto una nota bajísima en su asignatura, con lo cual, le bajó la media de todo el curso. Sin mencionar que el hombre tenía un ego tan grande como el territorio de Alaska, y le encantaba hacer pasar un mal rato a sus alumnos. De hecho, aún recordaba a una pobre chica que se echó a llorar cuando él dio el sádico examen final que había preparado. El tío se rió, literalmente a carcajadas, cuando vio la reacción de la chica. 
— ¡Hola! —saludó, ______ intentando no demostrar su antipatía. Suponía que el hombre no podía evitar ser detestable. Como buen licenciado por la universidad de Harvard, debía pensar que el mundo giraba a su alrededor. 
— Señorita Alexander —la saludó con el mismo tono despectivo tan insoportable que ella recordaba a la perfección. 
— En realidad debería llamarme doctora Alexander —lo corrigió, encantada al ver cómo abría los ojos por la sorpresa. 
— Discúlpeme —le dijo con un tono de voz que distaba mucho de parecer arrepentido. 
— Ben y yo estábamos charlando sobre la Antigua Grecia —explicó Selena, dedicándole una diabólica sonrisa a Tom—. Soy de la opinión de que Afrodita era hija de Urano.
Ben puso los ojos en blanco.
— No me cansaré de decirte que, según la opinión más extendida, era hija de Zeus y Dione. ¿Cuándo vas a aceptarlo y a unirte a nosotros?
Selena lo ignoró.
— Dime, Tom, ¿quién tiene razón?
Ben recorrió a Tom de arriba abajo con una arrogante mirada. ______ sabía que lo único que veía en él era a un hombre excepcionalmente apuesto, que parecía sacado de un anuncio de automóviles.
— Joven, ¿ha leído usted alguna vez a Homero?, ¿sabe quién es?
______ suprimió una carcajada ante la pregunta. Estaba deseando escuchar la respuesta de Tom.
Él se rió con ganas.
— He leído a Homero en profundidad. Las obras que se le atribuyen no son más que una amalgama de leyendas, fusionadas con datos reales a lo largo de los siglos, y cuyos verdaderos orígenes se han perdido en las brumas del tiempo. Muy al contrario que la Teogonía de Hesíodo, la cual escribió con la ayuda directa de Clío. 
El doctor Lewis dijo algo en griego clásico.
— Es más que una simple opinión, doctor —le contestó Tom en inglés—. Es un hecho probado. 
Ben volvió a mirarlo con atención, pero ______ sabía que aún no estaba muy dispuesto a creer que alguien con el aspecto de Tom pudiese darle una lección en su propio campo. 
— ¿Y usted cómo lo sabe?
Tom le respondió en griego.
Por primera vez desde que conocía a aquel hombre, hacía ya más de una década, ______ le vio totalmente sorprendido. 
— ¡Dios mío! —jadeó—. Habla griego como si fuese su lengua materna. 
Tom miró a ______ con una sonrisa sincera; se estaba divirtiendo.
— Ya te lo dije —le dijo Selena—. Conoce a los dioses griegos mejor que cualquier otra persona. 
El doctor Lewis vio entonces el anillo de Tom.
— ¿Es eso lo que creo que es? —inquirió—. ¿Un anillo de general?
Tom asintió.
— Sí.
— ¿Le importa si le echo un vistazo? 
Tom se lo quitó y se lo ofreció. El doctor Lewis contuvo el aliento.
— ¿Macedonio? Creo que del siglo II AC.
— Exacto.
— Es una reproducción increíble —comentó Ben, mientras se lo devolvía.
Tom se lo puso de nuevo.
— No es una reproducción.
— ¡No puede ser! —jadeó Ben, incrédulo—. No puede ser original, es excesivamente antiguo. 
— Lo tenía un coleccionista privado —apuntó Selena. Ben no dejaba de mirarla para, al momento, volver a centrar su atención en Tom. 
— ¿Cómo lo consiguió? —le preguntó.
Tom tardó en contestar mientras recordaba el día en que se lo dieron. Kyrian de Tracia y él habían sido ascendidos a la vez, después de salvar, prácticamente los dos solos, la ciudad de Temópolis de las garras de los romanos. 
Había sido una batalla larga, sangrienta y brutal. Su ejército se había desperdigado, dejándolos solos a Kyrian y a él para defender la ciudad. Tom había esperado que Kyrian lo abandonara también, pero el idiota le había sonreído, sosteniendo una espada en cada mano, y le había dicho: «Es un hermoso día para morir. ¿Qué te parece si matamos unos cuantos bastardos romanos antes de pagar a Caronte?»
Kyrian de Tracia, un lunático total y absoluto, siempre había tenido más agallas que cerebro. 
Cuando todo hubo acabado, bebieron hasta acabar debajo de las mesas. Y a la mañana siguiente, los despertaron con la noticia del ascenso.
¡Por los dioses! De todas las personas que había conocido en Macedonia, Kyrian era a quién más echaba de menos. Era el único que siempre le guardó las espaldas y lo defendió. 
— Fue un regalo —contestó Tom a Ben.
Él echó un vistazo a la mano de Tom, con los ojos cargados de codicia. 
— ¿Consideraría usted la posibilidad de venderlo? Yo estaría a dispuesto a pagar lo que pidiese.
— Nunca —contestó Tom, recordando las heridas que había recibido durante la batalla de Temópolis—. No sabe por lo que pasé para conseguirlo. 
Ben meneó la cabeza.
— Ojalá alguien me hiciese alguna vez un regalo como ése. ¿Tiene la más ligera idea de lo que le darían por él?
— La última vez que lo comprobé, me ofrecieron mi peso en oro.
Ben soltó una carcajada y dio una palmada sobre la mesa de Selena.
— Muy bueno. Ése era el precio para liberar a un general capturado, ¿verdad?
— Para aquellos cobardes que no eran capaces de morir luchando, sí.
Los ojos de Ben mostraron un nuevo respeto al observar a Tom.
— ¿Sabe a quién perteneció?
Selena contestó.
— A Tom de Macedonia. ¿Has oído hablar de él en alguna ocasión, Ben?
Él se quedó con la boca abierta y los ojos como platos.
— ¿Estás hablando en serio? ¿Es que no sabes quién fue? 
Selena puso una expresión extraña. Asumiendo que no lo sabía, Ben continuó hablando.
— Tesio dijo de él que iba a ser el nuevo Alejandro Magno. Tom era hijo de Diocles de Esparta, también conocido como Diocles el Carnicero. Ese hombre haría que el Marqués de Sade pareciese Ronald McDonald.
» Según los rumores, Tom nació de una relación entre Afrodita y el general, después de que Diocles salvara uno de los templos de la diosa de ser profanado. La opinión más extendida hoy en día es que su madre fue una de las sacerdotisas del templo.
— ¿De verdad? —preguntó ______.
Tom puso los ojos en blanco.
— A nadie le interesa quién pudo ser el tal Tom. Ese tipo murió hace siglos.
Ben lo ignoró y siguió alardeando de sus conocimientos.
— Los romanos lo conocían como Augusto Julio Punitor… —miró a ______ y añadió para que ella lo entendiera: — Tom, el Ejecutor. Él y Kyrian de Tracia dejaron un rastro sangriento a lo largo de todo el Mediterráneo, durante la cuarta guerra macedonia contra Roma. Tom despreciaba a los romanos, y juró que vería la ciudad arrasada bajo su ejército. Él y Kyrian estuvieron a punto de conseguir que Roma se arrodillara ante ellos. 
La mandíbula de Tom se relajó un poco.
— ¿Sabe qué le ocurrió a Kyrian de Tracia?
Ben dejó escapar un silbido.
— No tuvo un final agradable. Fue capturado; los romanos lo crucificaron en el año 47 a.C.
Tom retrocedió al escucharlo. Con una mirada apesadumbrada y jugueteando con el anillo, dijo:
— Ese hombre era, sin duda, uno de los mejores guerreros que jamás han existido. Amaba la lucha como ningún otro que haya conocido —movió la cabeza—. Recuerdo que una vez Kyrian condujo su carro hasta atravesar una barrera de escudos, rompiendo los cuellos de los soldados romanos y permitiendo que sus hombres los derrotaran con tan sólo un puñado de bajas —frunció el ceño—. No puedo creer que lo capturaran.
Ben encogió los hombros con un gesto indiferente.
— Bueno, una vez desaparecido Tom, Kyrian era el único general macedonio digno de dirigir un ejército; por eso los romanos fueron tras él con todo lo que tenían.
— ¿Qué le sucedió a Tom? —preguntó ______, intrigada por lo que los historiadores opinaban del tema.
Tom la miró furioso.

CAPITULO # 57

— Nadie lo sabe —le respondió Ben—. Es uno de los grandes misterios del mundo antiguo. Aquí tenemos a un general al que nadie puede derrotar en el campo de batalla y, de repente ¡puf! Desaparece sin dejar rastro —tamborileó con un dedo sobre la mesa de Selena—. La última vez que se le vio fue en la batalla de Conjara. En un brillante movimiento táctico, engañó a Livio, que perdió su, hasta entonces, inexpugnable posición. Fue una de las mayores derrotas en la historia del Imperio Romano.
— ¿Y a quién le importa? —se quejó Tom.
Ben ignoró la interrupción.
— Tras la batalla, se supone que Tom mandó decir a Escipión el Joven que le perseguiría, en venganza por la derrota que acababa de infligirle al ejército macedonio. Aterrorizado, Escipión abandonó su carrera militar en Macedonia y se marchó como voluntario a la Península Ibérica, para seguir luchando allí —el profesor agitó la cabeza—. Pero antes de que Tom pudiese llevar a cabo la amenaza, se desvaneció. Encontraron a toda su familia asesinada en su propio hogar. Y ahí es donde la cosa se pone interesante —miró entonces a Selena.
» Los escritos macedonios que han llegado hasta nuestros días, afirman que Livio lo hirió de muerte durante la batalla, y que en mitad de un increíble dolor, regresó cabalgando a casa para asesinar a su familia y evitar, de este modo, que su enemigo los tomara como esclavos. 
» Los textos romanos aseguran que Escipión envió a varios de sus soldados, que atacaron a Tom en mitad de la noche. Supuestamente, lo mataron junto al resto de su familia, lo descuartizaron y ocultaron los pedazos de su cuerpo.
Tom resopló ante la idea.
— Escipión era un cobarde y un fanfarrón. Jamás se habría atrevido a atacarm…
— ¡Bueno! —exclamó ______, interrumpiendo a Tom antes de que se delatase—. Hace un tiempo espléndido, ¿verdad?
— Escipión no era ningún cobarde —le respondió Ben—. Nadie puede discutir sus éxitos en la Península Ibérica.
______ vio como el odio se reflejaba en los ojos de Tom.
Pero Ben no pareció notarlo. 
— Joven, el valor de ese anillo que lleva es incalculable. Me encantaría saber cómo puede conseguirse algo así. Y a ese respecto, mataría por saber qué le ocurrió a su dueño original. 
______ miró incómoda a Selena.
Tom hizo una mueca sarcástica a Ben.
— Tom de Macedonia desató la ira de los dioses y fue castigado por su arrogancia.
— Supongo que esa podría ser otra explicación —en ese momento, sonó la alarma de su reloj—. ¡Joder! Tengo que recoger a mi esposa.
Se puso en pie y le ofreció la mano a Tom.
— No nos han presentado adecuadamente. Soy Ben Lewis.
— Tom —le contestó, aceptando el saludo.
El doctor Lewis se rió. Hasta que se dio cuenta que Tom no bromeaba.
— ¿En serio?
— Me pusieron el nombre de su general macedonio, se podría decir. 
— Su padre debe haber sido como el mío. Dos amantes de todo lo griego.
— En realidad, en mi caso su lealtad iba para Esparta.
Ben se rió con más ganas. Echó una mirada rápida a Selena.
— ¿Por qué no lo traes a la próxima reunión del Sócrates? Me encantaría que los chicos lo conocieran. No es muy frecuente encontrar a alguien que conoce la historia griega tan profundamente como yo. 
Dicho esto, volvió a dirigirse a Tom.
— Ha sido un placer. ¡Nos vemos! —le dijo a Selena.
— Bueno —comenzó a decir Selena una vez que Ben hubo desaparecido entre el gentío—, amigo mío, has logrado lo imposible. Acabas de dejar impresionado a uno de los investigadores de la Antigua Grecia más importantes de este país.
Tom no pareció impresionarse demasiado, pero ______ sí lo hizo.
— Lanie, ¿crees que es posible que Tom pueda trabajar como profesor en la facultad una vez acabemos con la maldición? Estaba pensando que pod…
— No, ______ —la interrumpió él.
— ¿Que no qué? Vas a necesitar…
— No voy a quedarme aquí.
La mirada fría y vacía que tenía en aquel momento era la misma con la que la había mirado la noche en que lo convocaron. Y a ______ la partió en dos. 
— ¿Qué quieres decir? —inquirió ella.
El desvió la mirada. 
— Atenea me ha hecho una oferta para devolverme a casa. Una vez rompamos la maldición, me enviará de nuevo a Macedonia.
______ se esforzó por seguir respirando.
— Entiendo —dijo, aunque se estaba muriendo por dentro—. Usarás mi cuerpo y después te irás. —Y siguió con un nudo en la garganta: — Al menos no tendré que pedir a Selena que me lleve a casa después.
Tom retrocedió como si lo hubiese abofeteado.
— ¿Qué quieres de mí, ______? ¿Por qué ibas a querer que me quedara aquí?
Ella no conocía la respuesta. Lo único que sabía era que no quería que se marchara. Quería que se quedara.
Pero no en contra de su voluntad.

CAPITULO # 58 (FIN DEL MARATOM)


Pero no en contra de su voluntad.
— Te voy a decir algo —le dijo. Comenzaba a enfadarse ante la idea de que él desapareciera—; no quiero que te quedes. De hecho, se me está ocurriendo una cosa, ¿qué tal si te vas a casa de Selena por unos días? —y entonces miró a su amiga—, ¿te importaría?
Selena abría y cerraba la boca como un pez luchando por respirar. Tom alargó un brazo hacia ______.
— ______…
— No me toques —le advirtió apartando su propio brazo—. Me das asco. 
— ¡______! —exclamó Selena—. No puedo creer que tú…
— No importa —dijo Tom con voz fría y carente de emoción—. Al menos no me ha escupido a la cara con su último aliento. 
Lo había herido. ______ podía verlo en sus ojos; pero ella también se sentía muy herida. Terriblemente herida.
— Hasta luego —le dijo a Selena y se marchó, dejando allí a Tom.
Selena dejó escapar el aire lentamente mientras observaba a Tom, que contemplaba cómo ______ se alejaba de ellos. Su cuerpo estaba totalmente rígido y tenía un tic en la mandíbula.
— Donde pone el ojo, pone la bala. Un golpe directo al corazón. Una herida en carne viva. 
Tom la dejó clavada con una mirada francamente hostil.
— Dime, Oráculo. ¿Cuáles deberían haber sido mis palabras?
Selena barajó sus cartas. 
— No lo sé —le contestó melancólicamente—. Imagino que no te habría ido tan mal si hubieses sido honesto.
Tom se frotó los ojos y se sentó en la silla, frente a Selena. No había tenido intención de herir a ______.
Y jamás podría olvidar esa mirada, mientras le escupía las horribles palabras: «No me toques. Me das asco.»
Se esforzó por seguir respirando, aguantando la agonía. Las Parcas seguían burlándose de él.
Debían tener un día aburrido en el Olimpo.
— ¿Quieres que te lea las cartas? —le preguntó Selena, devolviéndolo al presente.
— Claro, ¿por qué no? —contestó. No iba a decirle nada que no supiera ya.
— ¿Qué quieres saber?
— ¿Alguna vez…? —se detuvo antes de formular la misma pregunta que hiciera, siglos atrás, al Oráculo de Delfos— ¿…conseguiré romper la maldición? —preguntó en voz baja.
Selena barajó las cartas, y sacó tres de ella. Abrió unos ojos como platos. 
Tom no necesitaba que las interpretara. Ya lo veía por sí mismo: una torre destrozada por un rayo, un corazón atravesado por tres espadas, y dos personas encadenadas y arrastradas por un demonio.
— No pasa nada —le dijo a Selena—. Jamás he pensado que pudiese salir bien.
— Eso no es lo que nos dicen las cartas —susurró—. Pero tienes toda una batalla por delante. 
Tom soltó una amarga carcajada.
— Manejo bien las batallas —era el dolor que sentía en el corazón lo que iba a acabar con él.

______ se limpió las lágrimas de la cara mientras entraba en el camino de acceso al jardín. Apretó los dientes al bajarse del coche, y cerró la puerta con un fuerte golpe.
Al infierno con Tom. Podía quedarse atrapado en el libro para toda la eternidad. Ella no era un trozo de carne a su entera disposición. 
¿Cómo pod…?
Buscó en el bolsillo las llaves de la entrada.
— ¿Y cómo no iba a hacerlo? —murmuró. Sacó la llave y abrió la puerta.
La ira la consumía. Estaba siendo irrazonable, y lo sabía. Tom no tenía la culpa de que Paul hubiese sido un cerdo egoísta. Como tampoco era culpable de que ella temiese ser utilizada. 
Estaba culpando a Tom por algo en lo que no había participado, pero aún así…
Sólo quería a alguien que la amara. Que alguien quisiera quedarse a su lado.
Y había esperado que al ayudar a Tom se quedara cerca y…
Cerró la puerta y meneó la cabeza. Por mucho que deseara que las cosas fuesen distintas, nada iba a cambiar, puesto que no estaba escrito que fuesen de otro modo. Había escuchado lo que Ben contó acerca de la vida de Tom. La historia que el mismo Tom contó a los niños sobre la batalla.
Recordaba el modo en que había cruzado la calle como una exhalación para salvar al niño.
Él había nacido para liderar un ejército. No pertenecía a esta época. Pertenecía a su mundo antiguo.
Era muy egoísta por su parte intentar mantenerlo a su lado, como si fuese una mascota que acabase de rescatar.





HOLA!!! COMO ESTAN? ESPERO QUE BIEN!!! RAYITA SE PASO :O ... POBRE TOM ... LO HIRIO CON SUS PALABRAS PERO ELLA LO HIZO EN UN MOMENTO DE IRA, LES HA PASADO? A MI TODO EL TIEMPO, DIGO COSAS QUE NO DEBO DECIR, ASI COMO LA RAYA ... PARA DANNY, TODAVIA FALTA PARA QUE TERMINE, SON MAS DE 50 CAPS LOS QUE QUEDAN ASI QUE .. HAY MAS POR DELANTE, AUN TIENEN CAPS PARA RATO xD ... BUENO ME DESPIDO, Q ESTEN BIEN Y YA SABEN, QUIERO MAS DE 1 COMENTARIO :))) ADIOS